Para cuando regresaron a Kakariko, los pájaros ya estaban dejando de trinar y la noche caía sobre el segundo día de viaje. Illyria trataba de mantenerse tranquila. Al menos podía decir que la paranoia que le provocaba pensar que podía haber sido observada la noche anterior le ayudaba a dar pasos cortos pero rápidos. Miraba a sus alrededores con mucha aprehensión, con los ojos bien abiertos, vigilantes, pero tan discreta como podía. No quería que Link se diera cuenta de su actitud tan esquiva y temerosa. Sólo quería cerciorarse de que esta vez ninguno de los rostros de algún «Sheikah» a su alrededor fuera notoriamente conocidos
Lo cierto era que al menos, no veía a Ced ni a Rolko por ningún lado, ni sentía sus presencias. Esa sensación de estar siendo perseguida se había esfumado... para bien, o para mal.
Link le sonrió cuando pararon frente al portón de la casa de Impa, lo que la obligó a sonreírle de vuelta. No se había dado cuenta en qué punto se habían tomado de las manos sino hasta que él las apretó. Notar el contacto le erizó la piel.
Ambos entraron e Impa les recibió con sorpresa, pero también con una gran sonrisa. La joven decidió sentarse en uno de los cojines que la líder de la aldea tenía en su entrada, procurando dejar a Impa y a Link hablar a solas. Se concentró mucho más en observar las imperfecciones del suelo de madera, el papel de las paredes y la cara de cada Sheikah que entraba o salía del edificio, de manera compulsiva. Alguna suerte extraña de incertidumbre le burbujeaba en el vientre; un mal presentimiento.
Sus manos sudaban y temblaban débilmente, cuando Link salió de ver a Impa. Illyria forzó una sonrisa y levantó la vista de inmediato:
—¿Todo bien? ¿Nos vamos ya?
La sonrisa de Link flaqueó un poco, un destello de vergüenza ambiguo en el rostro. Pero apenas había abierto la boca cuando la voz de Impa resonó, explicando por él:
—Illyria, antes de que se vayan, ¿podrías permitirme unas palabras?
Ella dio un respingo. La anciana se asomaba por el umbral de una puerta al fondo del salón; su sonrisa perpetua y afable arrugaba sus ojos. Ella pasó saliva, ¿por qué se sentía como si fuera a ser reprendida?
—Claro que sí, líder... B-bueno... —Se amapoló. La costumbre de los honoríficos. Impa rió, mientras ella se alzaba para seguirla.
—Sólo llámame Impa, está bien.
Illyria asintió, dudosa, mientras que la anciana le llevaba hacia lo que parecía ser una puerta deslizable que daba acceso al patio trasero. Intercambió una mirada de interrogación con Link antes de cruzar la puerta, pero los ojos azules del chico no le dijeron nada. Su semblante era serio; impreciso. Ese gesto ambiguo al que había acostumbrado hacer de su máscara, apenas quebrantado por una muy leve sonrisa y un asentimiento de cabeza que buscaba tranquilizarla.
Afuera, el cielo estaba manchado de los colores del ocaso. El pequeño jardín de Impa combinaba sus flores con el rosa de las nubes. Ella le indicó que podía sentarse en uno de los banquitos de madera, lo que Illyria hizo con inquietud.
—No tienes idea de cuánto me alegra verlos de vuelta —admitió la mujer. Illyria jugueteó con sus dedos; nerviosa. Tal vez incómoda.
Sonrió sin saber qué responder. Ante el silencio, Impa volvió a tomar la palabra, observando los pequeños cerezos que crecían frente a ellas, cuyas hojas rosadas ondeaban al viento.
—Illyria, sé que esto te parecerá repentino de abordar cuando apenas estás de vuelta. Estoy segura que tienes muchas preguntas, que tal vez no acabas de comprender las cosas. Pero te agradezco, que a pesar de todo, intentes. Que hayas decidido abrir tu corazón. No dudé de tu bondad ni por un segundo, a pesar de que nunca nos conocimos tan bien. —Impa seguía sonriendo. La joven le dejó continuar—. Hay algo más que me gustaría compartirte acerca de tu rol; de tu participación en la leyenda.
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Pertenecientes || BotW Link
ФанфикшнLuego de un año entero de preparación, tomando su tiempo, fortaleciéndose y con la intención de poner su destino sobre sus hombros, Link está listo para recoger la llave fundamental que le guiará en pos de sus metas: la Espada Maestra. Aquella que r...
