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Aunque le había costado su tiempo, Link se precipitó hacia la guarida Yiga apenas logró poner un pie cerca de ella. Un pequeño escuadrón de ninjas Sheikah que Impa había terminado por enviar junto a él le siguieron de cerca, con tanto o más sigilo que el del propio joven al infiltrarse.

No tardó demasiado en darse cuenta que la guarida estaba desierta. A pesar que avanzaron todos con cuidado, en caso de que alguien estuviera esperándolos, no encontraron una sola alma en los pasillos del escalofriante lugar.

Buscaron por el salón principal, los pasillos, las habitaciones, incluso los calabozos, pero por ningún lado hallaron ni pista de la chica, ni de Kogg, ni de ningún Yiga. Ni siquiera de los enormes guardias que siempre vigilaban la zona, con antorchas en mano y espadas gigantes. Link se quedó apenas un segundo en la habitación de la joven, cuando fue a revisarla. Un choque de melancolía le golpeó cuando recordó la forma en que se habían vuelto a conocer. Una sonrisa se le quiso escapar de los labios, pero sabía que no había mucho tiempo para reparar en eso.

La incertidumbre se había afianzado en él ante la ausencia de todo el mundo. Especialmente de ella. Porque ni por más que trató de escudriñar de la mejor manera que pudo la recámara, logró encontrar nada sustancial que pudiera evidenciar su paradero. En el armario halló apenas un par de cambios idénticos del uniforme Yiga. Así como el atuendo hyliano que le habían regalado, el cual decidió llevar consigo. Lo único de interés, fue la tableta Sheikah, que encontró debajo de un montón de prendas sin colgar en el mismo armario, a medio esconder.

Suspiró, dándose apenas un momento para respirar, luego de un viaje tan largo sin un solo momento para descansar; inhaló el sofocado y terregoso aire de la guarida. Al prender su aparato recién recuperado, noto que la interfaz mostraba una de las fotos que habían tomado durante su viaje juntos.

Y en la misma foto, una nota nueva que él no recordaba haber escrito:

«Yo también quiero elegir.

Te elijo a ti; mi amigo de la infancia. Mi compañero.»

La nota había sido hecha tan solo la tarde del día anterior.

Link sonrió sin evitarlo, con alivio, reavivando la esperanza. La opresión de su pecho se aligeró un poco.

Lo sabía. Sabía que su decisión había sido noble; esa nota parecía incluso haber sido un mensaje reafirmándolo. Pero habiéndolo confirmado, en ese momento más que nunca, sabía que ella debía estar en peligro.

Justo había pensado en ponerse de nuevo a la búsqueda de pistas cuando uno de los Sheikah se apresuró hacia su posición.

—Link, hemos encontrado pistas en una de las salas principales de la guarida. Parece ser donde llevaban a cabo sus reuniones. —avisó con la voz acelerada, lo que le hizo alzar la vista de inmediato.

—Llévame.

Link y el joven sheikah salieron en dirección a la sala de mítines. Dentro, otros dos ninjas que conformaban su escuadrón analizaban lo que parecía ser una gran pizarra de piedra frente a la gran mesa en forma de U de la sala. En ella se exponían dibujos varios, enumerados; jeroglíficos y otras explicaciones escritas en algún dialecto hyliano arcaico. Posiblemente dispuestas así para que nadie más las comprendiera.

Link lo escudriñó de inmediato.

—Creemos que son los pasos de algún plan —informó uno de ellos, un hombre bien entrado en la treintena.

—Parece que se dirigieron al castillo de Hyrule —señaló otro más joven y más enérgico, apuntando al dibujo que yacía justo en medio de la pizarra, el más grande, enmarcado con un círculo y varias cruces. A su alrededor había otros garabatos casi ininteligibles. Link puso una mano en su mentón, asintiendo.

Pertenecientes || BotW LinkDonde viven las historias. Descúbrelo ahora