Ni los ejércitos de bokoblins, ni los más briosos lizalfos, ni los guardianes con sus rayos fulminantes, ni siquiera la tormenta eléctrica en la que se estaba desmoronando la llanura de Hyrule. Nada le detuvo para llegar a su destino.
Link se sentía errático, incansable, casi poseído. Se deshacía de cada monstruo que se aparecía en su camino sin derramar una gota de sudor. Su destreza con la Espada Maestra en aquel momento, incluso debía reconocer él mismo, era algo que no había expresado desde sus años como escolta personal de la princesa. Apenas puso un pie en el tétrico castillo de Hyrule, su enfoque se concentró únicamente en su pecho; en ese magnetismo aún mitigado, pero que ya podía volver a sentir. Ella estaba cerca. Estaba ahí.
Miró las paredes raídas, las ruinas renegridas de lo que alguna vez fue el edificio más importante del reino. Y su hogar. Un desazón le hincó en la boca del estómago. Hizo muecas mientras avanzaba por los pasillos desolados, miraba los cuadros rajados, el piso desnivelado. Tuvo que esforzarse mucho por no reparar en la nostalgia que sentía al rememorar el pasado.
Sus prioridades estaban claras en su cabeza; buscar a Illyria, vencer a Ganon, acabar con el cataclismo.
No tenía idea de dónde empezar a buscar, pero no tuvo que pensar demasiado. Como una guía divina, el dorso de su mano derecha iluminó esa fracción de triángulo que había visto cuando estaba en el bosque kolog; la que le era inherente. La otra mitad, se iluminaba más o menos, según avanzaba y por dónde avanzaba. El magnetismo lo inundó de ansias, de ímpetu. Comenzó a correr, siguiendo el latir desbocado de su corazón, la resonancia magnética de sus seres; usando de brújula su mano.
No bajó la guardia ni un segundo, ni dejó que los enemigos menores lo distrajeran. A donde quiera que fuera, a cada esquina que doblaba, buscaba algún rostro Yiga. Una máscara o el más mínimo movimiento, para ponerse alerta. Era extraño no haber logrado ver ninguno hasta el momento, ni en los rincones, ni en las salas cuyas entradas pasaba deprisa, ni siquiera en lo más alto de las paredes; aferrados al techo. Pero extraño, no significaba bueno. Tenían un plan. Él sabía que estaba entrando en la boca del lobo, especialmente porque no lo conocía. Sabía que podían tenerlo en sus manos. Que probablemente buscarían atacar en cualquier momento, cuando menos lo esperara. Pero confiaba en su destreza para poder librarse en ese caso.
Tal vez, confiaba demasiado.
Fue avanzando de pasillo en pasillo, de sala en galería, sin encontrar un solo rastro, una sola pista. Pero esa presión en el pecho que le invitaba a avanzar cada vez más rápido, no le permitía desanimarse. Estaba cerca, lo sabía.
Un rondín más, casi hasta lo más alto del castillo. Había atravesado ya la desierta sala del trono y otros lugares de interés. Al final de ese último corredor que cruzaba, que le permitía ver todo el horizonte poniente de lo que era el reino de Hyrule, en su enorme esplendor y grandeza, estaban los portones de la entrada a una habitación que conocía bien. En su tiempo, se había llegado a posar noche y día frente a ella, haciendo guardia. Era la habitación de la princesa Zelda.
Hubiera preferido no entrar. Aún después de haber pasado un siglo, seguía sintiendo el entrar a sus aposentos como algo incorrecto, indebido. Pero la insignia de la trifuerza en su dorso lo incitó; brillaba casi al completo. Había algo detrás de esa puerta. ¿Podía ser ella?
Pasó saliva, empujando una de las pesadas e hinchadas puertas de madera. Esta se arrastró por el suelo pringoso.
No debía ser una sorpresa que estuviera todo hecho un desastre, pero aún así lo impresionó. Libros y apuntes desperdigados por todos lados; con sus hojas abiertas hacia el suelo, descoloridas y mohosas por la cantidad de goteras que se debían colar dentro durante las lluvias. Los muebles estaban rotos y apolillados. Esbozó una mueca que parecía una sonrisa quebrada al recordar los pasatiempos de la princesa y ese halo intelectual tan suyo, que se dejaba respirar también en su alcoba, cuando estaba en condiciones óptimas y estaba tan abarrotada de libros que parecía una biblioteca en miniatura.
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Pertenecientes || BotW Link
FanfictionLuego de un año entero de preparación, tomando su tiempo, fortaleciéndose y con la intención de poner su destino sobre sus hombros, Link está listo para recoger la llave fundamental que le guiará en pos de sus metas: la Espada Maestra. Aquella que r...
