La cabaña estaba en silencio, solo el crujido suave de la leña ardiendo en la chimenea llenaba el aire. Afuera, la nieve no paraba de caer, espesa y muda. Pero adentro... el frío venía de otro lugar.
_____ estaba sentada en el suelo, espalda contra la pared y con los brazos rodeando las piernas. Tenía los ojos abiertos pero no miraba nada.
Llevaba horas así.
Dos nombres daban vueltas por su cabeza, Marco y Annie. Salieron juntos pero solo ella regresó.
Y no había una imagen clara en su mente, no era un recuerdo lo que la aplastaba, era el silencio después de los disparos, la forma en que el eco de los gritos se apagó y el mundo siguió.
La culpa se le había metido en el pecho como un hierro frío, y por mucho que intentara no sentir, no pensar, ahí estaba, clavada.
Ella respiraba. Ellos no.
Eso no le parecía justo.
Ni perdonable.
Ellie entró sin hacer ruido, había dejado los entrenamientos apenas se enteró, Dina le había dicho: "____ volvió sola. No habla. No quiere ver a nadie." Y eso le bastó.
_____ no la miro cuando entro. Ni siquiera se movió.
Ellie se detuvo en el umbral, los ojos escaneando su figura buscando una herida visible. Nunca la había visto así. Tan quieta... tan ausente. Se acercó con cautela, como quien se acerca a un animal herido que podía morder.
— ____... — susurro.
_____ cerró los ojos, no quería llorar, no frente a ella.
— Estoy bien — mentira.
Ellie se sentó a su lado, sin tocarla aún.
— No tienes que estarlo.
____ soltó una risa vacía, sin humor.
— ¿Y si me rompo que? ¿Te gusta verme así? ¿Vacía, triste, jodida?
— No — dijo Ellie, con honestidad — No me gusta verte así. Pero quiero estar, incluso cuando estás rota. Especialmente cuando estás rota.
____ giró la cara, la estaba mirando con los ojos llenos de cosas que no sabía decir; dolor, vergüenza, rabia, cansancio.
— Siento que si hablo, no voy a parar.
Ellie bajó la mirada, sus dedos temblaron, pero los llevó hasta la mano de _____. La tomó con suavidad. Calor contra frío.
— Entonces no digas nada. Solo... déjame estar aquí para ti.
____ trago saliva.
La garganta apretada, los ojos húmedos, apretó los labios, negándose a llorar. No quería que Ellie la viera así, débil, pequeña y rota.
Pero Ellie no la miraba como si fuera menos, la miraba como si fuera todo lo contrario. Como si, incluso en su silencio, incluso con el alma hecha pedazos... aún fuera alguien por quien valía la pena quedarse.
____ apoyó la cabeza en su hombro, no dijo nada, Ellie tampoco, pero le apretó la mano con fuerza.
En ese silencio compartido sin palabras, ____ entendió algo: no tenía que ser fuerte todo el tiempo para que Ellie se quedara.
