Jennie Kim

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La mañana había comenzado como cualquiera en el centro psicológico. _____ recorría el pasillo con una carpeta en la mano, deteniéndose de vez en cuando para cuidar o escuchar a algún paciente, con esa tranquilidad que parecía infinita, las historias fragmentadas que le confiaban.

Su voz, baja y firme, era un ancla para quienes temblaban de ansiedad. Tenía esa habilidad silenciosa de hacer que el otro sintiera que su mundo no estaba a punto de colapsar, aunque el suyo propio estuviera lleno de grietas invisibles.

En la sala de terapia ocupacional, una anciana intentaba hilar cuentas con manos temblorosas. ____ se agachó a su lado, guiándole los dedos con delicadeza.

— No importa si no quedan perfectas, solo no dejes de intentarlo — dijo y sonrió apenas, suficiente para que la mujer respirara un poco más tranquila.

El murmullo habitual del centro se quebró cuando, desde el pasillo principal, se escuchó un tac-tac-tac de tacones. No era un sonido común ahí; no pertenecía a ese espacio de pasos blandos y voces bajas.

_____ levantó la vista justo cuando la puerta se abrió sin previo aviso.

Jennie estaba de pie, con un abrigo Chanel que parecía más una declaración que una prenda. Sus ojos, oscuros y felinos, la buscaron entre todas las personas en la sala, ignorando al personal, a los pacientes y a las miradas sorprendidas de ver a una cantante muy famosa en un lugar como aquel.

— Te encontré — dijo, sin una pizca de duda, como si no hubiera considerado la posibilidad de no hacerlo.

_____ parpadeo, intentando recomponer la calma que siempre mantenía ahí dentro.

— Jennie... no puedes estar aquí sin permiso.

— Puedo estar donde quiera — respondió ella, avanzando un poco más, sin bajar la voz. La sala entera parecía escucharlas ahora, todos los ojos sobre Jennie quien destacaba en esa simple recepción de hospital.

Pero la chica de mirada gatuna no miró a nadie más, ni a los médicos, ni a los pacientes, solo a _____, como si fuera la única persona que existía en ese instante.

— ¿Terminaste ya? — preguntó, con una impaciencia que parecía más hambre que prisa.

_____ cerró la carpeta con cuidado, sintiendo que cualquier palabra suya sería inútil para contener la fuerza con la que Jennie irrumpía en su día. Y sin embargo, aceptó. Como si supiera que resistirse nunca había sido una opción real. 

— Mi turno termina en media hora.

El reloj de la sala de enfermería marcaba las seis en punto cuando ____ entregó la última carpeta en recepción. La jornada había sido larga, pero no lo suficiente para agotar la energía que siempre le reservaba a sus pacientes. Guardó sus cosas con calma, consciente de que afuera, apoyada contra el auto negro, Jennie Kim la esperaba como si fuera la escena final de un videoclip.

No hubo conversación previa, Jennie solo enderezó su postura, ladeó la cabeza con esa media sonrisa suya y dijo:

— Vamos.

_____ no pregunto a dónde, tampoco fingió que tenía otra opción. Sabía que si decía no, Jennie seguiría ahí, mañana y al día siguiente, hasta que se cansara de fingir paciencia.

Mientras caminaba hacia el auto, recordó con nitidez la primera vez que la vio.

Fue hace cinco meses, en un evento benéfico en el que _____ había sido invitada para hablar sobre salud mental. Jennie, estrella absoluta de la noche, había aparecido en la mesa de los patrocinadores. No se conocían, sin embargo, a mitad de su discurso, _____ sintió una mirada clavada en ella. Cuando la encontró entre la multitud, Jennie no sonrió, no aplaudió; solo la observaba como si ya supiera algo que nadie más sabía.

One Shots (GirlsxTu)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora