Taylor Hill

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El flash del fotógrafo la golpea como un latido: blanco, calor, silencio.

Taylor Hill sostiene la pose, la espada recta, la mirada asesina perfectamente calculada. Ríe para la cámara pero sus ojos... sus ojos están fríos, tensos, empañados por una furia silenciosa que la persigue desde hace tres días.

El set de Victoria's Secret en Nueva York es un templo de brillo y de perfume caro. Alas rosadas colgado por todas partes, maquilladores corriendo, un ángel chillando porque su glitter quedó mal... y ella, el ángel perfecto, intentando que no se le note que tiene el corazón hecho pedazos.

Mientras el estilista retoca sus ondas, Taylor saca su teléfono.

Sin mensajes nuevos.

— Genial — murmura, tragando un nudo — Perfecto.

_____ siempre respondía.
Siempre.
Incluso en medio de juntas, incluso antes de cerrar un trato millonario, incluso cuando el mundo se le caía encima.

Pero ahora... Silencio.

Taylor ya no sabe si quiere gritar o llorar o subirse a un avión y arrancarle a esa estúpida secretaria de la oficina a su esposa de un manotazo.

La maldita secretaria.
La que se ríe demasiado fuerte.
La que se inclina demasiado cerca.
La que mira a _____ como si se la quisiera comer viva.

Y peor:
La que ____ nunca había notado.
O decía no notar.

Taylor se vio a sí misma hace dos noches, cruzada de brazos frente a su esposa, con el maquillaje perfectamente arruinado por lágrimas rabiosas.

— Estoy harta de cómo te mira — fue lo último que dijo, la voz quebrada.

— Y yo estoy harta de que no confíes en mí — respondió _____, helada.

La puerta se azoto.
Y se separaron.

_____ tomó el jet privado a Miami para una junta.
Taylor se quedó en Nueva York para su sesión.

Y así están:
Casadas pero rotas.
Juntas pero lejos.
Enamoradas pero heridas.

La cámara vuelve a disparar y Taylor levanta la barbilla, sonrisa de ángel, un icono vivo... pero por dentro un desastre glamoroso.

— Taylor, última toma — dice el fotógrafo — Quiero algo feroz, algo inolvidable.

Taylor lo mira y exhala, no se dio cuenta lo rápido que había pasado el tiempo.

Se acomodó el sostén brillante con destellos plateados y abrió sus alas, dándole ese toque a diosa.

Feroz e inolvidable.

Si claro.
Lo único inolvidable en su vida es _____ Van Doren.

Aprieta los labios.
Se enfoca.
Sonríe.

Y justo cuando la cámara va a disparar... su teléfono vibra en la mesa del asistente.

Taylor lo ve.
Un nombre iluminado en la pantalla.

_____.

Su corazón se detiene.
Un segundo de esperanza, miedo, amor, rabia, todo mezclado.

La llamada se corta.
Una notificación aparece.

"¿Podemos hablar?"

Taylor inspira hondo.
Las alas a su espalda brillan bajo la luz.

Pero todavía no lo tomo, aún no.
Su pulso temblaba, pero su orgullo temblaba más.

La llamada perdida de su esposa.
Ese "¿podemos hablar?" que la dejaba sin aire.

Imágenes la atravesaron como flashes de cámaras: ella entrando a la oficina de su esposa y encontrándose a Aubrey Clarkson, la secretaria perfecta, manos impecables, sonrisa educada... demasiado educada. Tan servicial, tan "discreta", tan pegada a ____ que Taylor sentía que le respiraba encima.

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⏰ Última actualización: Nov 29, 2025 ⏰

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