Anne Hathaway

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Primer día de rodaje y ya había metido la pata tres veces. No frente al director. No frente a los productores. No frente al equipo de cámara.

Frente a Anne.

Si, esa Anne Hathaway. La que ganó un Oscar, la que parecía flotar en cada escena, la que tenía una voz como terciopelo con filo. La que, en persona, no solo era más hermosa, sino que también olía algo entre libros viejos y pecado.

Y ahora era mi co-protagonista.

La historia que íbamos a filmar era un drama romántico con tensión emocional y momentos íntimos intensos, según el guion. ¿Sabes qué es actuar una escena íntima con Anne Hathaway cuando tienes 24 años, estás en el pico de tu carrera y eres gay en secreto?

Una tortura con labios perfectos.

— ¿_____? ¿Estás bien? — preguntó Anne, mirándome con esos redondos y brillantes ojos marrones. Profundos. Suaves. Inteligentes. Y peligrosos.

La había estado mirando fijamente sin responder nada durante diez segundos.

— ¡Si! — exclamé, dando un respingo como si me hubieran electrocutado — O sea, no. Bueno, si, pero... tú sabes, los cables y el sol, y el... el café estaba muy fuerte hoy.

Me calle. Me odie.
El asistente de dirección me lanzó una mirada que decía "Por favor no tengas un colapso en medio de un ensayo."

Anne, sin embargo, sonrió. Una sonrisa que no era de burla, era peor, era de alguien que ya se dio cuenta de todo y disfruta viéndote patinar.

— ¿Te molesta si ensayamos la parte del bar ahora? — me preguntó, inclinándose apenas hacia mi.

Su blusa blanca se ajustaba justo en el lugar que mis ojos no deberían haber ido, pero lo hicieron. Dios. Concéntrate, ______. Concéntrate. No estás en ninguna red social, estás actuando con Anne Maldita Ardiente Hathaway.

— ¡Si! Ensayo. Claro. El bar. Me sé mis líneas. Las memorice... con marcadores de colores. Porque soy... organizada.

¿Pero qué acabo de decir?

— Dios mío, cállate — murmure para mi misma.

Anne rio, su risa real, esa que no necesita cámaras ni aprobación.

— Eres adorable — dijo. Y se giró hacia el guion, como si no acabara de dejarme al borde de un infarto.

Horas después, en la carpa de descanso, la veía desde lejos mientras hablaba con el director. Su postura relajada, su forma elegante de escuchar. No intentaba impresionar a nadie. No tenía que hacerlo. Ella era la escena, incluso cuando no estaba actuando.

Yo, por otro lado, me había tropezado con un cable, derramando agua en mi camiseta y me habían oído tararear "Bed Chem" entre temas sin darme cuenta de que el micrófono estaba encendido.

— No la mires como si fuera un atardecer, _____ — me dijo Taylor, mi maquillista, pasándome polvo por la frente — Vas a derretir las luces del set.

— ¿Crees que lo nota? — pregunté, mordiéndome el labio.

— ¿Qué estás enamorada? No. Solo cuando respiras. O hablas. O tartamudeas. O haces esa cosa de ponerte colorada como en TikTok cuando ves mujeres con trajes sastre.

Me tape la cara con ambas manos.

— Soy una vergüenza.

— Eres una enclosetada nerviosa. Eso es adorable.

Y entonces, otra voz.
La voz.

— ¿Rompiendo corazones ahí dentro?

Me giré.

One Shots (GirlsxTu)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora