Anne Hathaway II

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Llevábamos tres días de rodaje desde aquella noche. Tres. Largos. Días.

Y Anne Hathaway había decidido —deliberadamente, con toda la maldita intención del mundo— mantener su juego cruel de cercanía y ausencia.

Hasta que decidí devolver su propio juego, pero en lugar de intimidarse, ella lo duplicó.

Solo que ahora no era la misma.

No desde esa noche.
Después de esa vez algo en mí cambió, tal vez el vino, tal vez su risa en mi oído, tal vez estando tan cercas de su boca que podía saborearla sin probarla. Me había encendido.

Y ahora era mi turno.

La escena del momento era en una cocina. Un diálogo íntimo, donde nuestros personajes compartían una copa de vino y hablaban de una traición. Solo una cámara. Solo nosotras dos. Y una tensión acumulada que podía haber incendiado todo el plato.

Me vestí diferente aquel día. No vulgar. No lo necesitaba. Pero estaba más ajustada de lo habitual. El cabello suelto, los labios color vino, y cuando entré al set, sentí su mirada clavarse en mi como una línea potente de electricidad.

— Buenos días — dije, mirándola con una sonrisa leve, cargada.

— Buenos... — respondió ella, pero su voz titubeó apenas.

Punto para mi.

Y yo solté un suspiro fingido, estirándome exageradamente.

— Necesito café — dije en voz alta — O alguien que me despierte. Literalmente.

Luego camine hacia uno de los técnicos. Una chica nueva. Bonita. Sonriente. Conversamos unos segundos. Me reí en voz alta. Toque su brazo. Solo un poco. Solo para que Anne lo viera.

Y lo vio.

Cuando regrese al set, su mirada ya no era serena. Era tensa. Ardía.

Perfecto.

— ¿Amiga nueva? — preguntó, casual.

— ¿Por qué? ¿Celosa? — respondí, sin miedo.

Ella sonrió.
Pero no esa sonrisa dulce. No.
Fue la otra, la peligrosa.

Se acercó.

— No. Solo me intriga ver a una chica que hace tres días temblaba si yo la miraba... y hoy se pone a jugar con fuego.

— ¿Y si me quemo?

— Entonces no te apagaré — susurró, muy cerca de mi oído — Te veré arder.

Tragué saliva, mi corazón latía con furia. Pero no me aparte.

— ¿Y si no soy yo la que arde primero, Anne?

Ahí.
Ahí vi algo en sus ojos. Una vibración. Un temblor bajo su perfecta piel. Le dolió. Le gustó. Era una mezcla que yo buscaba.

Me rozó el mentón con la punta de los dedos.

— Te estás volviendo peligrosa, _____.

— Lo aprendí de ti.

Ambas sonreímos.
Y ahí, en ese segundo exacto, entendí:
Ya no jugaba sola.
Estábamos en guerra.
Y el primer beso no sería tierno.
Sería una explosión.

•

Nueva escena.

Su personaje debía confrontar al mío, intimidarme. Y entonces, cuando el director gritó "acción", ella cruzó el set hacia mi... y me rozó los labios con su pulgar.

One Shots (GirlsxTu)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora