La noche olía a alcohol barato, perfume caro y recuerdos que _____ no había invitado.
Había salido solo para distraerse o al menos eso se repitió desde que cruzó la puerta del bar, ese que alguna vez pisó con Greenblatt. Creyó que ya no importaba, que estaba bien, pero lo supo al momento que la vio; estuvo mintiéndose todo este tiempo.
Ariana entró como si no debiera disculpas, como si no hubiera roto nada. El mismo andar elegante, labios pintados de rojo ardiente y ese vestido ajustado que ____ recordaba haberle quitado una vez con los dientes.
Y de su mano, un chico alto, cabello oscuro y de sonrisa perversa. Con la mirada clavada solo en Greenblatt, como si fuera el centro del universo.
A ____ se le revolvió el estómago.
— ¿Me estás escuchando? — Anastacia le dijo, su mejor amiga, agitando la mano enfrente de su cara — ¿_____? Tierra llamando a ___.
Pero no escuchaba, solo veía, observaba y ardía.
Hasta que los ojos oscuros de Ariana la encontraron. _____ sintió esa estúpida e inevitable chispa en su pecho, reviviendo, como si todo lo que intento dejar atrás viniera a reclamar su cuerpo. Dio un sorbo a su bebida, sintiendo como el agrio sabor del whiskey quemaba su garganta.
La última vez que se habían visto fue un desastre, un completo desastre. Ariana había gritado que estaba harta de los celos, de las peleas, de tener que demostrar constantemente que la quería y _____ diciendo que entonces se fuera, que no volviera.
Y Ariana se había ido, tan digna, tan segura... y ahora volvía. Con otro. Como si nada.
Greenblatt murmuró algo al oído del chico y se acercó a la barra, sola.
— ¿Sabes? — comenzó en tono neutro — Pensé que no vendrías esta noche.
— Y yo pensé que no eras tan predecible — replicó ____, sin mirarla — Pero mírate, trayendo una versión masculina idéntica a mi.
Ariana rio por lo bajo, esa risa que ___ conocía de memoria.
— No es como tú.
— No — la mirada felina de Greenblatt se encontró con aquellos intensos ojos grisáceos — Tu sabes quién es mejor.
Silencio. Tensión. Anhelo.
La música seguía vibrando en lo más alto de la noche y las luces bailaban, pero entre ellas la tensión era inmóvil.
— No me digas... — Ariana masculló con una sonrisa burlesca — Te molesta que esté con alguien más.
— No — ____ ladeó una sonrisa — Me molesta que actúes como si no supieras lo que haces.
— ¿Qué hago?
— Provocarme.
— ¿Provocarte? Mírate ahora, ____. Tu siempre lo hiciste, incluso ahora.
Ariana sintió un escalofrío adueñarse de su cuerpo al momento que su cuerpo fue expuesto ante la de ojos grisáceos. Como si _____ pudiera ver a través de su alma.
— ¿Y qué pasa si es cierto? ¿Qué pasa si aún sueño contigo? ¿Si no hay una sola persona con la que pueda estar sin compararla contigo?
— Pasa que llegas tarde — los labios de Ariana temblaron al decirlo — Porque cuando te quise, no me supiste cuidar.
— Y tú te rendiste — ahora o nunca. _____ sentía un revuelo de emociones en su estómago, pero el orgullo de ambas era más.
Era culpa de ambas.
— Me fui porque dolía quedarme — respondió Ariana, con un dejé de rabia en su voz.
— ¿Y ahora?
— Ahora me duele estar con alguien mas y seguir buscando tus ojos en los de él — la confesión quedó suspendida en el aire.
Pesando. Doliendo.
Y ____ lo dudo solo por un segundo, temiendo en las posibles consecuencias. Pero entonces lo hizo. No hubo necesidad de más palabras cuando ____ la besó, la besó como si en ese momento, el mundo terminaría. Como si no hubiera pasado un año, como si cada noche que durmieron separadas hubiese sido una pérdida de tiempo. Las manos se buscaron y los cuerpos se reconocieron mutuamente.
Y ____ supo que estaba perdida.
Cuando se separaron, por falta de aire, Ariana murmuró:
— Nunca pertenecí a alguien más. Nunca lo fui.
La chica de ojos grisáceos suspiró, observando a la dueña de sus pensamientos.
— Hagamos que lo valga esta vez.
Y rodeo sus brazos en la pequeña cintura de Greenblatt. Como si pudieran comenzar de nuevo. Como si el amor, cuando arde tanto, pudiera salvarse del incendio que ellas mismas provocaron.
