El turno de las diez siempre era el más lento. El aire olía a madera vieja y a cerveza tibia, y la música del viejo jukebox sonaba tan apagada que parecía más un susurro que un fondo musical. Limpiaba vasos por inercia, mientras el reloj detrás de la barra avanzaba con la pereza de un gato viejo.
No esperaba algo distinto esta noche... hasta que la puerta se abrió y una ráfaga de aire frío se coló junto a una mujer envuelta en un impermeable negro, gafas oscuras y una gorra baja. No era difícil reconocerla: cualquiera con un mínimo de internet sabía quién era Demi Lovato, pero ella se presentó como Dev.
— Un té de menta, por favor — pidió, con una voz grave y cansada, como si viniera de un lugar muy lejos de aquí.
Asentí, como si no supiera quién era y seguí con la rutina. No estaba en mi lista de prioridades arruinarle el anonimato.
El silencio se volvió extraño, como si todo el bar hubiera decidido contener la respiración. Ella eligió una mesa en la esquina, sacó un bolígrafo y empezó a escribir sobre una servilleta. De vez en cuando, levantaba la mirada para observar la lluvia detrás del cristal, pero nunca hacía mi.
Y entonces llegó Chris.
Siempre llegaba tarde, como si su entrada tuviera que ser notada. Alto, atractivo y con esa sonrisa del tipo que está acostumbrado a escuchar la palabra si. Ya lo había rechazado más veces de las que podía contar, pero eso nunca parecía importarle.
— _____... — se apoyó en la barra, inclinándose lo suficiente para invadir mi espacio personal — Dime que esta vez me vas a acompañar a tomar algo después de tu turno.
— Dime que esta vez vas a pedir tu cerveza y dejar de hacerme perder el tiempo — respondí, sin apartar la mirada del vaso que estaba secando.
Él soltó una risa baja, de esas que buscan provocar. Y fue entonces cuando noté algo curioso: desde la esquina, Dev había levantando la vista y estaba observando la escena con un interés casi... calculado.
— Vamos _____, no puedes estar sola toda la vida — murmuró, acercándose aún más.
Antes de que pudiera contestar, una voz femenina interrumpió suavemente, pero con un filo imposible de ignorar:
— Creo que estás ocupada conmigo.
Levante la vista, Dev estaba de pie junto a la barra, sosteniendo su taza de té como si aquello fuera lo más natural del mundo. Sus gafas ocultaban sus ojos, pero su media sonrisa hablaba por ella.
— ¿Contigo? — pregunté, intentando seguirle el juego sin mostrar lo divertida que me resultaba la escena.
— Exacto. No me gusta que me dejen sola en una conversación — respondió, como si en efecto estuviéramos hablando antes de que Chris llegara.
Chris frunció el ceño, mirándola de arriba abajo con ese aire de "¿y tú quién eres?". No llego a decir nada, porque de repente noté una sombra grande cubrir la barra.
Un hombre alto, corpulento, con chaqueta oscura y mirada cortante se colocó detrás de Dev. Su sola presencia cambió el aire del lugar, no tenía que decir nada para dejar en claro que no era el tipo de persona con la que quisiera discutir.
Chris tragó saliva, su pose arrogante se desmoronó de inmediato.
— Yo... he... me voy a sentar — balbuceó, girando hacia el fondo del bar como si huyera de una tormenta inminente.
Dev tomó asiento en el banco frente a mí, el hombre permaneció a unos pasos, vigilante.
— ¿Siempre es así de encantador? — preguntó ella, con una calma que me desconcertaba.
