La sala estaba llena de gente importante. Ejecutivos de marketing, directores creativos, fotógrafos reconocidos, modelos, todos reunidos para la presentación de la nueva campaña de una de las casas de lujo más poderosas del mundo. Y al centro de esa constelación, invisible y presente a la vez, estaba ____ Gagliano.
No había hablado aún, sus asistentes, perfectamente vestidos, se encargaban de exponer los planes, las proyecciones. _____ escuchaba desde el extremo de la mesa ovalada, con el rostro imperturbable y los lentes oscuros que no se había quitado ni dentro de la sala. Solo al final, todos lo sabían, ella daría el veredicto.
Candice Swanepoel estaba ahí como una de las imágenes principales de la campaña. Sentada en la otra punta de la mesa, jugaba con un bolígrafo entre los dedos, desentonando con la solemnidad del ambiente. Su mejor amiga y otra súper modelo, Adriana Lima, estaba junto a ella, dándole pequeños codazos cada vez que notaba como Candice buscaba —sin disimulo— el reflejo de _____.
Y entonces ocurrió: ____ levantó la vista de los documentos frente a ella. La mirada atravesó la mesa como una línea de fuego hasta encontrarla. Candice sostuvo el contacto con sus enormes ojos azules.
Ni un parpadeo.
Los demás continuaban hablando, ajenos a esa extraña tensión silenciosa. Para todos, ____ seguía siendo esa figura distante que solo asentía o negaba con la cabeza. Pero para Candice, esos segundos fueron un desafío directo.
____ ladeó apenas la cabeza, como si examinara a la modelo con la misma frialdad con la que evaluaba un contrato. No había gesto de aprobación ni de interés, solo un escrutinio gélido. Y sin embargo, eso fue suficiente para que el corazón de Candice acelerara.
La rubia sonrió, esa sonrisa suya que era descaro puro, como si se burlara de la seriedad de la sala.
Adriana la miró horrorizada.
— ¿Estás loca? — susurró entre dientes.
Candice apoyó el codo en la mesa, descansando la barba en la mano, manteniendo el duelo de miradas.
— Completamente.
____ apartó la vista primero, retomando la atención en los papeles frente a ella, como si nada hubiese sucedido. Pero Candice supo que lo había hecho a propósito, que esa retirada era una invitación camuflada.
Y cuando por fin los asistentes callaron y la sala entera esperó la palabra de ____, su voz grave y firme llenó el espacio:
— La campaña es sólida. El concepto funciona. Pero — hizo una pausa que tensó a todos — Necesito que la imagen sea más que perfecta. Quiero que sea... inolvidable.
Candice se inclinó hacia adelante, todavía sonriendo, como si ese "inolvidable" hubiese estado dirigido únicamente a ella.
Cuando la reunión terminó, todos se levantaron como si estuvieran ante la realeza. _____ Gagliano fue la primera en salir, flanqueada por sus dos asistentes que recogían documentos y murmuraban agendas. La modelo más joven del grupo la observaba desde el otro extremo de la sala, aún apoyada en la mesa y todavía con el bolígrafo entre los dedos.
Adriana la alcanzó y le susurró en portugués:
— Ni se te ocurra, Candi.
Candice sonrió como si acabara de escuchar un reto.
— ¿Por qué? ¿Por qué dicen que es fría? — preguntó, siguiendo con la mirada la figura imponente de _____, envuelta en un traje blanco que parecía hecho especialmente para ella.
— Porque lo es. Y porque no pierde el tiempo con nadie que no esté a su altura.
— Ya veremos.
Sin más, Candice cruzó la sala, ignorando las miradas de sorpresa. Alcanzo a ____ antes de que subiera a un ascensor privado.
