Treinta

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El sol entraba por las ventanas del ala este, decían que era la zona "tranquila", como si las paredes fueran menos crueles aquí.

Zona verde, trastornos adaptativos, ansiedades leves, depresiones funcionales. Pacientes que aún podían mantener conversaciones sin romperse en llanto o lanzarse co2an con pesar, me sentía débil, paranoico, demasiado lleno de pensamientos abrumadores que comenzaban a nublarme, no supe si quería vomitar o gritar, mi estómago estaba revuelto y mi voz la sentía temblorosa. Sunghoon se levantó en una tranquila acción y me susurró al oído:

-Ten cuidado, Wonnie. Algunos de nosotros todavía te queremos cuerdo.

Me quedé quieto. Como si el aire me hubiera abandonado el cuerpo. Sentía las palabras de Sunghoon resonando aún en mi oído, como una especie de eco sucio.

-Estoy bien... Sólo no digas ese tipo de cosas -musité, aunque no sabía si hablaba por él... o por mí.

Sunghoon no se fue, se giró lentamente y volvió a mirarme, esta vez con una expresión más suave. Pero sus ojos... sus ojos siempre parecían estar desvistiendo todo lo que tocaban.

-¿Por qué estás tan tenso? ¿Acaso no te gusta que te digan la verdad? -murmuró irónico, sonriendo con aquel destello de burla. Me crucé de brazos, en un intento desesperado por armar alguna barrera entre él y yo.

-No estoy aquí para hablar de mí.

-Claro que no se acercó, muy despacio, casi deslizándose como un gato al acecho -. Pero eso no te impide temblar un poquito cada vez que me acerco. ¿Te has dado cuenta?

Se detuvo a escasos centímetros. Pude oler su aliento, mezcla de menta y algo más dulce, artificial, tal vez caramelos.

Tal vez un engaño.

-S-Sunghoon-intenté mantener la voz firme a pesar de mi cuerpo tembloroso- Estás cruzando límites.

-¿Y tú no quieres que lo haga?

Su dedo índice subió por mi brazo, rozando la manga de mi bata, apenas tocando, como si pudiera sentirme a través de la tela. Cada milímetro que avanzaba me parecía una provocación cuidadosamente medida.

-Me gusta cuando frunces el ceño susurró. Te hace ver más humano... Más débil.

Le tomé la muñeca con una mano, intentando apartarlo, pero no fui tajante, ni fuerte. Fui... blando. Dudoso, y él lo notó.

-Ah... estás cansado de fingir control, ¿no? -murmuró. Aquí nadie lo tiene. Ni siquiera K. ¿Sabías eso? Él solo juega a ser Dios. Pero tú...

Su otra mano tocó mi cuello. Ligera, casi afectuosa.

-Tú serías un Dios mucho más divertido, más gracioso, más amoroso... Pero al fin y al cabo terminarás siendo igual o peor que él

Me aparté, de verdad, esta vez, una lágrima cayó por mi mejilla al escucharlo decir eso. ¿Igual o peor que Koga? ¿Siquiera sabe lo que está diciendo? ¿Por qué estaba siendo tan cruel? Mi labio inferior tembló con impotencia, retrocedídos pasos y me obligué a mirarlo a los ojos, sintiéndome dolido.

-No tengo la más mínima idea de lo que te pasa, pero no sigas. No soy parte de tus juegos, Sunghoon -gruñí molesto. Él rió, pude notar la falsedad en su acción.

-Todos somos parte de algún juego, Yang Jungwon, el problema es que tú no has elegido el tuyo todavía. Pero no te preocupes, ahora tienes a otros pacientes para lavarles el cerebro con mierdas motivacionales, tus nuevos juguetes te esperan -soltó venenoso, casi gruñendo, fruncí el ceño al verlo tan hostil, no era algo común en él estar tan irritable, ni en su peor momento lo había visto con aquella actitud.

DisordersDonde viven las historias. Descúbrelo ahora