Veinte

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Las grandes y fornidas manos del mayor se colaron por la ropa del rubio, tocando con tosquedad su suave y liza piel, aquel coreano jadeó ante la resequedad y áspera sensación que le dejaban aquellas manos sobre su cuerpo, odiaba admitir que la brusquedad le gustaba en cierto punto. Ddeonu no lo reconocería nunca, claramente, pues su orgullo era de piedra, pero diablos, benditas manos venosas.

----¿Te gusta esto, niño esquizofrénico?----se mofó con burla el de cabellera oscura, el pequeño gruñó ante sus palabras, sin embargo no pudo articular palabra alguna, pues sabía que si abría la boca lo único que saldría serían gemidos de súplica, y él no suplicaba.

Jay al notar que el menor mordía sus labios con fuerza, no pudo evitar mofarse, girando bruscamente al rubio para quedar frente a frente.

----¿Con que ahora te harás el difícil, eh? ----susurró sobre sus bultuosos belfos, lamiéndolos de paso, agarrando bruscamente el mentón de Ddeonu, provocando sonidos obscenos que entraban a su sentido auditivo----, mierda, Sunoo, me estás volviendo loco ----gruñó con la excitación calándole los huesos, quería o más bien, ansiaba hundirse en aquel tan apetitoso trasero que se llevaba el chico, podría correrse de tan solo imaginarse a él y a Sunoo follando con dureza.

Ddeonu cerró sus ojos, dejándose llevar por un instante, pues aquellos agresivos labios tomaban los propios como si fuesen de su absoluta propiedad, su cuerpo estaba en llamas ante la dureza con la que Jay lo manejaba, la excitación en su sangre era alucinante.

"-¡Detente!"

Ddeonu -aún con sus ojos cerrados-frunció el ceño.

"-P-Por favor, no sigas, ¡E-Es mío, no tuyo!".

El pequeño gruñó, pero está vez no fue de excitación.

"-¡Detente!"

El mayor comenzó a chupar con fiereza su cuello, sacándole al bajo un gimoteo de éxtasis.

"-¡No lo hagas!"

-Agh, demonios, ¡cállate! -demandó Ddeonu en voz alta, haciendo parar las acciones de Park. Éste lo miró con una ceja alzada-¿Disculpa? -gruñó malhumorado, ni siquiera estaba hablando y lo habían hecho callar. El pequeño mordió su labio inferior ante el repentino nerviosismo que creció en su interior.

-Ugh, no tú -balbuceó jadeante cuando la pesada mano del mayor lo tomó del cuello, apretando ligeramente. El mencionado enarcó una ceja.

-¿Estás hablando con tus demonios internos o algo así? -preguntó con mofa, más la diversión no pasó por sus oscuros ojos.

"-¡Por favor! déjame salir."

El rubio gruñó, comenzaba a desesperarse.

-No importa... -escupió con ligera molestia-, ¡no importa! -repitió, sintiéndose ansioso, el de cabello oscuro lo miró con cierta curiosidad ante su extraño -y a su vez- desorbitado comportamiento.

Aquel menor se percató de ello, observando cómo el pelinegro le daba esa típica mirada que solía darle su madre y demás personas.

"Pobre" "está loco" "raro de mierda" "debe ser triste vivir así"

Ddeonu gruñó.

-¿Qué mierda estás mirando? Si quieres follarme, hazlo de una maldita vez, arruinas mi placer -chistó el menor, sintiendo su cabeza doler. Jay lo miró con ojos abiertos, sin poder creer que aquel ángel le hablara de tal manera, estaba actuando extraño, más de lo habitual.

Su Sunoo jamás sería un irrespetuoso, mucho menos con él.

-¿Estás de mal humor o alguna mierda así? -preguntó Jay entre la confusión y el enojo, pues la forma de actuar del contrario le estaba hastiando en demasía.

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