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Me encontraba entre mis pensamientos de preparación, mi mano temblaba levemente mientras avanzaba hacia Jay. Cada paso que daba se sentía como una traición, como si caminara hacia un abismo en vez de hacia mi amigo. No quería golpearlo, realmente no, me sentía perdido, como si aquello fuera una pésima idea pero, a su vez, era la única opción. Park seguía allí, sentado, con el cuerpo inmóvil y los ojos fijos en un punto que solo él podía ver. Su mandíbula estaba apretada, los músculos tensos, y la rabia... esa rabia silenciosa se sentía como un veneno en el aire. Me detuve frente a él, a menos de un metro, las palabras se atoraron en mi garganta.

-Jay... -susurré, aunque sabía que no podía escucharme.

Sentí a los demás detrás de mí, expectantes, conteniendo el aliento.

Riki tenía una mano lista para sujetarme si algo salía mal, Sunoo apenas respiraba, Sunghoon murmuraba una oración que no entendí del todo. Volví a mirar a Jay, tan cerca y tan lejos. Mi corazón palpitaba con fuerza, como si quisiera advertirme que no lo hiciera.

-Lo siento -murmuré-. Perdóname por esto.

Cerré el puño con fuerza, la piel de mis nudillos crujió. Y entonces, con el cuerpo tenso, temblando por dentro... lancé el golpe. Mi puño impactó contra su mejilla con un sonido seco y brutal. El cuerpo de Jay se ladeó por la fuerza, pero no cayó, se quedó inmóvil por un segundo eterno. Entonces... su pecho subió de golpe, como si acabara de inhalar después de minutos sin aire, sus ojos se abrieron más, enfocándose por fin, y su mandíbula se movió... no para gritar, sino para soltar un gruñido bajo, profundo, animal.

Muy bien, había funcionado, pero... Claramente no como queríamos.

-Mierda... -susurré, retrocediendo.

Jay me miraba, y no sabía si era él... o el monstruo que vivía dentro de él. Su respiración se volvió irregular, jadeante, como si algo se hubiese roto dentro de él. Los músculos de sus brazos comenzaron a tensarse de forma peligrosa, y sus ojos... sus ojos ardían, ya no había humanidad en ellos, solo rabia.

De pronto Park miró a cada uno de nosotros, analizando cada acción y microgesto. Y sin esperar un segundo más, soltó su rabia. Creía que se iba a lanzar hacia mi.

Pero no, no fue así.

-¡Riki! -alcancé a gritar, pero fue demasiado tarde. Jay rugió como un animal enjaulado y se lanzó hacia él con velocidad brutal, atravesando el espacio entre ambos en segundos. Riki apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Park le propinara un puñetazo directo al rostro, haciéndolo tambalear hacia atrás.

-¡¡Jay, imbécil, soy yo!! -gritó Riki, escupiendo sangre debido al fuerte y agresivo golpe-. ¡¡Cálmate!!

Pero el otro no escuchaba, no razonaba, realmente no estaba ahí. La crisis había comenzado, como lo había intuido.

Jay volvió a arremeter, y esta vez Riki bloqueó el golpe con el antebrazo, devolviéndole uno al estómago. El impacto resonó en la habitación, seco, brutal, fue como ver a dos titanes derrumbarse el uno al otro. Sunoo retrocedió con un grito ahogado. Sunghoon intentó avanzar, pero lo sujeté con fuerza del brazo, impidiendo su acción.

-¡No te acerques! ¡Está en trance!

-¡Pero va a matarlo! -bramó Hoon desesperado.

Riki rodó por el suelo tras recibir una patada en las costillas, se levantó a medias, jadeando con fuerza, con los ojos fijos en Jay.

-¡Joder, Jay! -gruñó, limpiándose la sangre del labio-. ¡No soy tu enemigo!

Pero Jay no escuchaba, solo atacaba. Pude ver cómo a Nishimura se le oscureció la mirada, volvió a limpiarse la sangre que escurría de su boca con una lentitud asesina, puso sus torso y puños en posición de ataque, sin despegar la vista de su oponente. Tragué saliva ante su postura.

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