El primer haz de luz matinal se coló por la ventana, calentando mis párpados y obligándome a abrir los ojos con lentitud. Un dolor sordo y punzante en mi cráneo me golpeó de inmediato, un recordatorio físico del terror y la tensión de la noche anterior. Gemí débilmente, llevando una mano a la sien mientras intentaba sentarme en la cama.
Fue entonces cuando lo vi.
Tirado en el suelo, junto a mi cama, estaba Jay. No estaba en una silla, ni recostado contra la pared. Estaba acostado directamente sobre la dura madera, cubierto solo con una manta fina que se le había enrollado en las piernas. Dormía profundamente, su respiración era un ritmo constante y pausado. Su rostro, a la luz suave del amanecer, parecía más joven, menos marcado por la rabia que siempre lo nublaba. Había una ligera contusión en su pómulo, el recuerdo del plato que Heeseung había lanzado.
La imagen me dejó sin aliento. Él, que siempre proyectaba una fuerza indomable y una independencia feroz, había dormido en el suelo. Como un guardián. Como si no hubiera querido alejarse ni un metro.
Me quedé mirándolo, el dolor de cabeza palpitando al ritmo de mis confusos pensamientos. ¿Cuánto tiempo había estado allí? ¿Se había quedado despierto vigilándome hasta quedarse dormido de puro agotamiento?
De pronto, como si sintiera mi mirada, Jay se movió. Un gruñido leve escapó de sus labios y sus ojos se abrieron lentamente. No hubo confusión ni sobresalto al despertar en un lugar extraño. Sus ojos, aún empañados de sueño, se encontraron con los míos de inmediato, como si su primer pensamiento al consciente hubiera sido asegurarse de que yo seguía allí.
Nos miramos en silencio durante un largo momento, el aire cargado con el peso de todo lo no dicho, de la violencia y la salvación, del odio y la protección. El amanecer iluminaba el polvo que flotaba entre nosotros, bañando la habitación en una calma surrealista después de la pesadilla.
-¿Duele? -preguntó por fin, su voz ronca por el sueño, refiriéndose a mi cabeza.
Yo solo pude asentir levemente, sin apartar la vista de él.
-¿Por qué... estás en el suelo? -logré preguntar, mi voz era un susurro áspero.
Él se encogió de hombros, un gesto que pretendía ser indiferente, pero que no lograba ocultar la verdad que yacía en el simple hecho de que hubiera elegido el suelo frío a cambio de no perderme de vista ni por un instante. Se incorporó, frotándose la nuca con gesto adormilado, pero sin apartar la mirada de mí.
-No iba a dejarte solo luego de lo sucedido-dijo, como si fuera la cosa más obvia del mundo. Su voz aún cargaba la ronquera del sueño, pero era sincera. Luego, añadió, mirándome con más atención-: Gemías mucho. Llorabas y balbuceabas cosas entre dientes -Hizo una pausa breve, sus ojos escudriñando mi rostro-. Nombrabas a alguien... una tal 'Karina'. ¿Es alguien importante?
El nombre cayó como una losa en el silencio de la habitación. Al principio, mi mente, nublada por el dolor y el residuo del pánico, no lo reconoció. Fruncí el ceño, tratando de ubicar ese sonido en la niebla de mis recuerdos.
Karina.
Y entonces, como si alguien hubiera accionado un interruptor en lo más profundo de mi cráneo, una punzada aguda y violenta atravesó mis sienes. Fue un dolor distinto al latido sordo de antes; era una claridad cortante, asociada a ese nombre.
-¡Ah! -Involuntariamente, llevé ambas manos a la cabeza, apretando con los dedos como si pudiera contener la explosión interna. Un torrente de imágenes borrosas, de sensaciones de frío y encierro, de una voz femenina e infantil regañándome, me asaltó durante un instante fugaz, pero lo suficientemente vívido como para dejarme jadeando.
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Disorders
FanfictionDonde Jungwon, un joven enfermero encuentra trabajo en un centro psiquiátrico. ... Las cosas no son como crees, toda realidad tiene su dolorosa historia oculta... ▲🔞Advertencia 🔞 •Contenido sexual. •Trastornos mentales. •Sadismo. •Parafílias. ...
