Veintitrés

405 37 7
                                        

Mi pulso aún no se normalizaba tras lo de Ddeonu. Mis manos temblaban, mi boca seguía seca... y mi mente era un torbellino.

Pero no había tiempo para digerirlo.

Ahora mismo me encontraba bajo un solo objetivo.

Tenía que ver a Heeseung.

¿Por qué? Se preguntarán muchos. Es fácil, comencé a analizar a cada uno de mis pacientes, a cada personaje a detalle y me di cuenta de algo en cada cosa. Lee Heeseung era el más pacífico, tranquilo y callado de todos. Prácticamente era el que menos daba quehacer. Y no estoy seguro por qué, pero mi intuición decía que Lee sabía más de lo que realmente hablaba.

Finalmente llegué a la habitación de Heeseung. Justo al centro del corredor más silencioso del pabellón restringido. Donde hasta el aire parecía contener la respiración. La puerta era más gruesa que las otras. Y tenía doble cerradura. No por protección... sino porque él lo pedía. Pude concluir que su trastorno había empeorado de cierta forma.

Toqué dos veces.

Nada.

Una tercera.

Silencio.

-Heeseung -dije suavemente- Soy Jungwon. Solo quiero hablar. Cinco minutos, ¿Puedes dejarme entrar, por favor?

Silencio, suspiré nervioso.

-Entiendo que no quieras dejarme entrar, soy prácticamente un desconocido, pero solo quiero hacerte unas preguntas, quiero ayudarte, por favor.

Esperé unos segundos que pronto se formaron minutos, suspiré frustrado, a punto de rendirme. Entonces escuché el crujido. El metal raspando con cierta agresividad. Y el sonido frío de la cerradura cediendo.

La puerta se abrió apenas unos centímetros. Dejándome ver a Heeseung, quien no estaba usando su máscara.

-Cinco minutos. -Su voz fue grave, baja, seca. Como una piedra que cae. Aguanté mi respiración en un acto de controlar mis emociones.

Entré. La habitación olía a óxido. Y a papel quemado. Había montones de papeles arrugados en las esquinas, y marcas de mordidas en objetos que jamás debieron ser mordidos: madera, tela... incluso la pared. Y en el centro, sentado en cuclillas sobre la cama sin colchón, con la mirada afilada como cuchilla, estaba Lee Heeseung.

¿Cómo llegó ahí tan rápido? Hace unos segundos me había abierto la puerta, Dios mio.

Me observaba como si pudiera ver a través de mis órganos. Como si esperara que yo fuera otro experimento de K y no su aliado.

Porque eso éramos para el doctor Yudai, simples experimentos.

-Te ves alterado -Afirmó luego de un sepulcral silencio. No preguntó aquello. Lo observé de forma precavida.

-Acabo de tener un encuentro con alguien difícil -respondí, cerrando la puerta tras de mí-. Pero ahora quiero hablar contigo. Necesito tu ayuda, Heeseung... Vine aquí por ti.

Él ladeó la cabeza, sin moverse de su posición animal. Analizaba cada palabra, cada pequeña acción y movimiento que hacia, me sentía pequeño ante esa mirada tan intensa y defensiva. Después de otro largo silencio, sonrió levemente, sosteniendo aquella aguja larga, la misma de la otra vez.

-Tú no vienes por mí... Vienes por Koga.

Mi respiración se detuvo. Él sabía, no sé cómo, pero sabía lo que estaba planeando. Y aquello me descolocó, pero me mantuve imperturbable, fingiendo que no me había afectado.

-Estoy buscando maneras de detenerlo. Y para eso, necesito entender su estructura. ¿Cómo se mueve, a quién vigila más, qué cuida como un secreto? Cualquier cosa me sirve.

DisordersDonde viven las historias. Descúbrelo ahora