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Las luces parpadeaban con violencia. El sonido de la alarma seguía retumbando como una pesadilla sin ritmo, las puertas de seguridad comenzaban a cerrarse una por una, sellando los sectores, no me quedaba tiempo.

Me lancé hacia el panel, presioné unos botones con dedos temblorosos, sentía la adrenalina en mi ser. Debía hacer todo muy rápido y a su vez con precaución, ya que un movimiento en falso y todo se iría a la mierda.

Y eso ya no está permitido.

Un sonido se escuchó al terminar de introducir un código, la puerta se abrió con un chasquido eléctrico. Y lo vi. La habitación era pequeña, sin ventanas, apenas iluminada por la luz roja intermitente de la alarma, y en medio del suelo, encorvado, temblando como una criatura salvaje, estaba él.

Sunoo... O no, en realidad era Ddeonu. Sus ojos eran oscuros, inyectados, su cuerpo estaba tenso como un animal enjaulado, los músculos marcados, los nudillos ensangrentados, había arañazos en las paredes acolchadas, y mordidas en los bordes de la cama, su respiración era errática, ronca, cargada de una furia invisible.

Y cuando la puerta se abrió... me vio, yo solo pude tragar saliva con dificultad.

-No... -alcancé a murmurar, levantando la mano. Soy yo. Soy-

Pero no me dejó terminar. Ddeonu rugió, un sonido primitivo, salvaje, que no tenía palabras. Y en un segundo, saltó sobre mí.

El impacto fue brutal, mi espalda golpeó contra el suelo acolchado, sus manos me sujetaron por los hombros con una fuerza que no le recordaba, su rostro estaba a centímetros del mío, los dientes apretados, los ojos desorbitados.

-¡Sunoo! ¡Ddeonu, soy yo! ¡Jungwon!- grité, intentando moverme, pero él me inmovilizó.

-¡NO ERES NADIE! -gritó con una voz rota, que no le pertenecía-. ¡¡NO ME TOQUES!! ¡NO ME ENCIERRES OTRA VEZ!

Su cuerpo temblaba, cada músculo vibraba de rabia contenida, me empujó con tanta fuerza que pensé que iba a romperme una clavícula, me debatí apenas lo suficiente para zafar una pierna y arrastrarme hacia atrás.

-¡NO ESTOY AQUÍ PARA ENJAULARTE! -exclamé, jadeando. ¡Vine para SACARTE DE AQUÍ!

Por un segundo, sus ojos dudaron, solo uno. Pero bastó para que me incorporara, el pecho ardiendo y las manos levantadas.

-S-Sunoo, escúchame... por favor. Esto no es un truco, no es una prueba, t-te lo prometo, vine a sacarte, hay una salida. Pero necesito que tú me escuches. No Ddeonu, tú.

Pero Ddeonu soltó una carcajada seca, una que me heló la sangre, no tenía nada de alegría, era amarga, desesperada, una risa que se usaba para no gritar.

-¿Sunoo...? -espetó, ladeando la cabeza como si la palabra le resultara ajena, como si doliera. ¿Tú todavía crees que queda algo de él aquí dentro?

Dio un paso hacia mí, lento, casi arrastrando los pies. Cada músculo de su cuerpo se contraía como si peleara contra su propia piel.

-Sunoo no quiere volver. -su voz bajo, pero fue aún más cruel, más real-. Sunoo... se fue cuando dejó de tener fé. Cuando lo amarraron, cuando le metieron agujas, cuando lo hicieron gritar hasta quedarse sin garganta y nadie vino.

Yo sacudí la cabeza, temblando por dentro.

-No... no, eso no es verdad -murmuré -. Él sigue ahí, yo sé que sigue ahí porque cuando dije tu nombre... vacilaste. Vacilaste, Ddeonu. ¡Sunoo escuchó!

Pero eso lo hizo enfurecer.

-¡NO MIENTAS! -rugió, sus manos volando hacia su propio rostro, rasguñándose el pecho como si quisiera arrancarse algo que le quemaba por dentro. ¡Tú no sabes nada! ¡Tú no estuviste aquí cuando lo quebraron! ¡Tú no viste cómo lo deshicieron hasta que solo quedara yo! Me acerqué un poco, con cuidado, con el corazón latiendo como un tambor en mis oídos.

DisordersDonde viven las historias. Descúbrelo ahora