El sol entraba por las ventanas de madera, tiñendo de dorado las paredes y el aire quieto de la casa. Por un momento, todo parecía en calma, como si la libertad hubiese traído consigo una promesa de paz. Caminé por el pasillo con una sonrisa leve, escuchando el crujido de las tablas bajo mis pasos, y pensé que, tal vez, lo peor ya había quedado atrás. Por primera vez en mucho tiempo, creí que podía respirar sin miedo. Que aquí, en esta casa perdida en medio del campo, encontraríamos lo que tanto habíamos buscado: un refugio...
Pero no.
Apenas llevábamos dos horas en el lugar, y la ilusión ya comenzaba a resquebrajarse. Desde la sala se escuchaban voces alzadas, cortantes, cargadas de irritación. Me detuve en seco, reconociéndolas al instante: Heeseung y Sunoo. Caminé un poco más para adentrarme hacia la escena, y lo vi: Heeseung de pie frente a la puerta de una habitación, con el rostro tenso y los brazos cruzados, mientras Sunoo, con su expresión desafiante, permanecía dentro de la zona, como si aquella invasión fuese un derecho que nadie pudiera cuestionar.
-¿Qué no entiendes de "no entres sin permiso"? Yo vi este cuarto primero, es mío -espetó Heeseung, su voz temblando de rabia contenida.
Sunoo... no, no era Sunoo realmente, lo supe en cuanto abrió la boca de nuevo, dejó escapar una risa breve, seca, cargada de veneno.
-¿Permiso? Vaya, qué delicado... ¿Será que te da miedo que me dé cuenta de lo "torcido" que tienes todo aquí dentro? Ah, cierto, ya lo tienes todo torcido... incluso en la cabeza.
Las palabras me golpearon como un cubo de agua helada. Pude ver a Heeseung contener su respiración y sus puños cerrarse con fuerza. Era primera vez que lo veía tan inquieto y fuera de si.
Me alarmé enseguida.
-¡Ya basta! -bramé, entrando en la habitación con un enojo que me sorprendió a mí mismo. Mi voz resonó en las paredes de madera, cortando de golpe la tensión, ambos me miraron, pero mantuve la mirada fija en Ddeonu.- No vuelvas a hablarle así. Ni a él ni a nadie, Ddeonu.
Por un instante, ese rostro desafiante titubeó, como si Sunoo intentara asomar desde dentro. Pero luego volvió la sonrisa burlona, y sentí un escalofrío recorrerme, me adelanté un paso, poniéndome entre ambos.
-Se acabó la pelea. Tú -señalé a Heeseung, que aún temblaba de furia-, fuera de aquí. Necesitas calmarte.
Heeseung me sostuvo la mirada, respirando con dificultad, pero al final apartó la vista y salió, golpeando la pared con el hombro al pasar.
Volví la mirada hacia Ddeonu.
-Y tú... -mi voz bajó, grave, contenida -. No seas grosero, Ddeonu, no te aproveches de que por ser libre puedes hacer lo que quieras, te recuerdo que sigo siendo tu psicólogo.
Él no se ofendió. Al contrario, sus labios se curvaron en una sonrisa lenta, como si mis palabras hubiesen sido un halago disfrazado.
-¿Mi psicólogo? Te recuerdo que tú nos abandonaste en aquel sucio manicomio, bonito -repitió, dando un paso hacia mí.
Su voz sonaba más baja, arrastrada, con una cadencia casi juguetona-. Qué serio, Wonnie... siempre recordándome mis límites.
El aire se volvió denso de pronto. Noté mis dedos tensarse, el cuerpo rígido, pero no retrocedí. Aun así, mi respiración se agitó apenas cuando Ddeonu se inclinó un poco hacia delante, acortando la distancia entre nosotros.
-¿Qué pasa? Sigue regañándome... -continuó, ladeando la cabeza mientras sus ojos brillaban con algo inquietante -, hay algo excitante en que me llames la atención así. Como si... quisieras domarme.
Sentí un nudo en la garganta. Mi instinto me gritaba que me apartara, pero mis pies parecían clavados al suelo.
¿Domarlo dijo?
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Disorders
FanfictionDonde Jungwon, un joven enfermero encuentra trabajo en un centro psiquiátrico. ... Las cosas no son como crees, toda realidad tiene su dolorosa historia oculta... ▲🔞Advertencia 🔞 •Contenido sexual. •Trastornos mentales. •Sadismo. •Parafílias. ...
