Avancé por los pasillos en penumbra como si mis pies se movieran por sí solos, cada rincón del psiquiátrico parecía observarme, las paredes, gastadas y sucias, no eran testigos mudos: eran cómplices de todo lo que ocurría ahídentro, yo respiraba con dificultad, no solo por el miedo, sino por la decisión que acababa de tomar. Tenía que parecer creíble, tenía que parecer roto, pero no destruido, lo suficiente para despertar su instinto de posesión, no su ira inmediata. Me detuve en un rincón oscuro, al lado de una de las puertas sin placas, me miré en el reflejo opaco del vidrio, tenía la cara pálida, las ojeras hundidas, el labio aún un poco partido, simplemente perfecto.
Pasé la mano por mi cabello, lo desordené aún más, me apreté la chaqueta contra el cuerpo como si tuviera frío, practiqué el temblor con los dedos, el movimiento errático al caminar. Una mezcla de trauma y necesidad, algo que él no pudiera ignorar.
Mi escena e historia era simple: yo me había escapado, confundido, no sabía adónde ir, y eso es todo, simple pero creíble.
Eso creo.
Ensayé la mirada, la fragilidad apenas sostenida, el susurro ahogado de alguien que aún lo necesita, sentí un dolor de estómago producto de los nervios.
-Vamos, Jungwon... -me dije en voz baja.
Solo una vez más.
Me rasgué la manga un poco con las uñas, como si hubiese forcejeado con alguien, marqué con mis propios dedos una línea roja en el cuello. Detalles, todo era cuestión de detalles. K era un experto en observar, en detallar, cualquier mínimo indicio de mentira sería mi fin.
Comencé a caminar, cada paso me alejaba más de Jay y Sunghoon, de ese rincón de fuga y cariño, y me acercaba más a él.
A sus ojos.
A su voz.
A su locura.
Doblé por el pasillo del ala norte, las cámaras ahí estaban muertas, lo sabía, lo había confirmado con Jay. A lo lejos, escuché el eco de unos pasos seguros, lentos, familiarmente autoritarios, mi corazón se apretó con anticipación. Y justo antes de girar la esquina, puse mi expresión. Temblor en la mirada, labios entreabiertos, desesperación en los hombros.
Giré con mis nervios a flor de piel, y allí estaba él, Koga, de espaldas, conversando con otro funcionario, tenía su postura rígida, impecable, la bata blanca sin una sola arruga. Me detuve con cautela, inspiré profundamente, y con voz rota, como si algo dentro de mí se hubiera quebrado hace apenas unos minutos, susurré:
-...Koga... -susurré con pesar.
Él se tensó, el funcionario a su lado también, y al girarse, nuestras miradas se encontraron. Su rostro cambió, no de inmediato, no por completo, pero por un segundo... algo se encendió en sus ojos. El funcionario alzó una ceja al verme, como si no estuviera seguro de si lo que veía era bueno malo.
-¿Doctor Koga...? -murmuró el enfermero con cautela, esperando la más mínima indicación. K no respondió al instante, su cuerpo se tensó como si cada músculo reconociera mi presencia antes que su mente. Yo di un paso tembloroso hacia él, bajando ligeramente la cabeza, como si estuviera abrumado, como si no supiera si debía hablar o correr.
-Yo... no sabía adónde ir -susurré-, s-solo... me solté... y corrí...
Sus pupilas se dilataron apenas.
-¿Cómo escapaste? -preguntó con un tono bajo, amenazante y contenido, el funcionario a su lado se removió incómodo.
-Pensé que el doctor Yang estaba en contención -susurró asustado aquel enfermero que ni su nombre sabía. K gruñó por lo bajo
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Disorders
FanfictionDonde Jungwon, un joven enfermero encuentra trabajo en un centro psiquiátrico. ... Las cosas no son como crees, toda realidad tiene su dolorosa historia oculta... ▲🔞Advertencia 🔞 •Contenido sexual. •Trastornos mentales. •Sadismo. •Parafílias. ...
