El aire del bosque olía a tierra húmeda y a pinos, un aroma limpio que llenaba mis pulmones después de dos semanas de relativa calma. Cargaba un haz de leña en los brazos, el peso familiar y reconfortante. Habían sido días tensos -para variar- pero tranquilos. Sunoo estaba estable gracias a la medicación, Heeseung mantenía una distancia glacial pero sin incidentes, Sunghoon se veía más animado, Jay seguía irritable pero no en extremo, y Riki... Riki merodeaba como un fantasma, pero un fantasma más silencioso.
Al acercarme a la casa, mi mirada se dirigió instintivamente hacia el techo. Y allí estaba él. Recortado contra el cielo grisáceo de la tarde, sentado en la pendiente de tejas musgosas como si fuera su trono personal. El corazón me dio un vuelco de puro pánico.
En cualquier momento se cae.
-¡Ni-ki! -grité, dejando caer la leña con un estruendo.- ¡Baja de ahí ahora mismo! ¡Te vas a caer!
Él volvió la cabeza lentamente, sin sobresalto. Sus ojos se encontraron con los míos, pero no con desafío o burla. Lucían... confusos. Como si mi alarma le resultara incomprensible.
-¿Por qué? -preguntó, y su voz era plana, genuinamente perpleja.
La sangre me hirvió. ¿Por qué? ¿En serio?
-¡Porque es alto y el techo está resbaladizo! ¡Si te caes, te rompes el cuello! ¡Baja! -avancé hasta quedar justo debajo de él, con las manos en las caderas, la frustración venciendo al miedo.
Pero entonces, Riki hizo un movimiento leve, casi imperceptible. Ajustó algo en su regazo. Y fue entonces cuando lo vi.
Acurrucado contra su pecho, en el hueco formado por sus piernas flexionadas, había un pequeño bulto de pelaje naranja. Un gatito. Minúsculo, sucio, con las orejas gachas. Y la mano de Riki, esa mano que yo había visto manchada de sangre y capaz de una violencia brutal, se movía con una lentitud y una delicadeza hipnótica, acariciando la espalda del animalito con las yemas de los dedos. El gatito ronroneaba, un sonido vibrante y contento que llegó hasta mí, tan incongruente en ese momento como un arcoíris en medio de una tormenta.
Toda mi ira se esfumó, reemplazado por una conmoción que me dejó boquiabierto.
Riki siguió mi mirada hacia el gatito y luego volvió a mirarme. Por primera vez, no había muros en sus ojos. Solo una curiosidad tranquila, casi infantil.
-No me voy a caer -dijo, como si estuviera explicando algo obvio-. Estaba quieto. Él tenía frío. -Su dedo índice recorrió la línea de la columna vertebral del gatito, y el animal estiró una pata diminuta de puro placer.
La sonrisa de Riki se transformó entonces en esa expresión de sorna familiar, la que usualmente precedía a un comentario que me dejaría entre la risa y la exasperación.
-Se llama Wonnie -dijo, y su dedo se detuvo sobre la cabecita del gatito, que lo miró con sus ojos grandes y amarillos.
Yo me quedé paralizado. El rubor me subió a las mejillas de inmediato, tan rápido y caliente que casi pude sentirlo chisporrotear.
-¿Q-Qué?-tartamudee. -¿Por qué... por qué le pusiste ese nombre?
Riki ladeó la cabeza, observándome con diversión maliciosa.
-Porque es igualito a ti -declaró, como si fuera la cosa más obvia del mundo-. Mira. Pelaje anaranjado, desordenado y un poco sucio. Caótico. Se mete en lugares donde no debería estar su mirada bajó al gatito y luego volvió a mí, cargada de intención. Y parece un pequeño y patético animalito perdido que necesita que lo salven, pero en el fondo tiene unas garras escondidas y una actitud que podría arañarte si se siente acorralado. Su sonrisa se ensanchó. Da exactamente las mismas vibras. Así que el nombre le queda perfecto.
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Disorders
FanfictionDonde Jungwon, un joven enfermero encuentra trabajo en un centro psiquiátrico. ... Las cosas no son como crees, toda realidad tiene su dolorosa historia oculta... ▲🔞Advertencia 🔞 •Contenido sexual. •Trastornos mentales. •Sadismo. •Parafílias. ...
