El día que compré el vestido amarillo marcó la apertura de la que considero una «pequeña edad dorada» en mi vida. Claro, esto no lo supe hasta que dicha etapa terminó.
El quince de junio Lucien y yo festejamos nuestro primer aniversario recordando aquel día en que nos hicimos novios en una barca en medio del cielo. Lucien, quien era un experto en maravillarme me dio un modesto regalo: un entorno privado al que sólo podíamos acceder nosotros dos.
Se trataba de una diminuta isla con arenas blancas y abundante vegetación, una escalinata de piedra llevaba hasta una hermosa casa de estilo griego repleta de flores y con un pequeño balcón con una hamaca. Tuvimos una adorable cena y nos quedamos juntos en la hamaca, observando el cielo y leyendo mis poemas más recientes. Suficiente me era con su presencia, percibir su cuerpo junto al mío, oír su voz y saber que mis palabras recibían una escucha atenta.
Es obvio que nunca volvimos a salirnos del rol. Di ese tema por entendido y no tenía intención de tocarlo.
De nuevo en el mundo físico, estrené el vestido amarillo el primer día de clases. Con tal de completar mi nueva imagen le di forma a mis cejas para que fueran más parecidas a las de mi avatar onírico (aunque las mías no eran tan gruesas), también busqué videos en internet para imitar el estilo de maquillaje simple pero potente de Desirée, obviamente tuve que adaptar el maquillaje a mis rasgos y color de piel, de modo que el resultado final distaba del deseado.
Salí de mi habitación sintiéndome fuerte y bella, pensando más en lo satisfecha que me sentía con mi aspecto que en la universidad. Apenas y metí una libreta y unos cuantos útiles en mi mochila. Joaquín, quien había ingresado a la misma universidad, pero en la facultad de derecho me acompañó hasta el campus.
—¡Dios! Se nota que amas ese vestido —dijo, tornando los ojos.
—Pues sí, me gusta mucho.
—¿No estás nerviosa?
—¿Por qué debería estarlo?
—Porque es tu primer día de clases.
—Curiosamente me siento emocionada, tengo el presentimiento de que de ahora en adelante todo irá bien —contesté.
Nos despedimos en cuanto pasamos a la división de ciencias sociales.
La facultad de medicina se componía de tres bellos edificios de ladrillo distribuidos sobre una cuesta rodeada de vegetación. Al pie de la escalinata que conducía a la facultad me detuve para apreciar la belleza de mi universidad. Me sentía plena, completa e imparable.
Camino a mi salón pude notar como un par de personas me miraban, preferí asumir que mi vestido les llamaba la atención por lo poco usual que era.
Llegué hasta mi salón que estaba en el segundo piso, un aula extensa con espacio para sesenta estudiantes que apenas se estaba llenando. Al cruzar la puerta comprendí que quizá no todo sería tan sencillo.
Me topé con caras extrañas que hicieron resurgir mi olvidada timidez. Si incluso durante mi primer día en Costa Paraíso me costó desenvolverme, ¿qué me aseguraba que en la universidad sería distinto?
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Piel onírica
Science FictionDesirée y Lucien son la pareja ideal, llevan una vida perfecta en Costa Paraíso, un pueblo mediterráneo en 1964. Pero nada de esto es real, el año es 2051 y Costa Paraíso es un entorno virtual. Desirée es en realidad una joven marginada de Colombia...
