Capítulo 21-1

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Cuando Lucien aceptó mi propuesta de matrimonio con un sencillo «sí», supe que mi plan había fallado. Fingí estar conforme con su respuesta, mientras esperaba a que él se detuviera, se saliera del rol y me dijera algo así como «oye, Ángela, detente, estamos llevando este rol muy lejos, que te parece si quedamos como amigos en la vida real, lo cierto es que te quiero y sé que tú me quieres». Pero no pasó, mi última jugada para hacer que Lucien se transformara en Bernardo falló.

El que Lucien aceptara la propuesta de matrimonio que le hice como Desirée sólo significaba una cosa: todo esto no era más que un juego para él.

Las peores sospechas resultaron ser ciertas.

Pensaba que si Bernardo en verdad me quería me detendría cuando nuestra historia ficticia cruzara ciertas líneas.

—Él está empeñado en que todo se mantenga como un juego, fui yo la estúpida que creyó que podría cambiarlo —mascullé a la mañana siguiente en mi cama.

Primero Jimmy que me prometió amor y después me lo negó, después Mateo cuyas bellas palabras eran sólo una carnada para obtener sexo y, finalmente, Bernardo a quien no le importaba Ángela, sólo Desirée.

Lo cierto es que no podía culparlo, él había sido muy claro con su postura de mantenerse dentro del juego tal como aquella ocasión en la que le revelé mi nombre real.

Pero también me confundía su enigmático interés que en ocasiones iba más allá del juego. Era un excelente actor y jugador de rol.

Pusimos en marcha la boda, lo cual resultó mucho más complejo de lo que pude imaginar. Lucien me dijo que él se encargaría de la organización de la ceremonia, mientras que yo atendí otros asuntos como buscar un vestido o entregar las invitaciones.

Me resultaba irónico que una propuesta de matrimonio marcara el fin de un amor que sólo existió en mi imaginación.

Aunque el sueño de una relación se desvaneció, todavía me quedaba el juego, un potente paliativo para una vida que cada vez me resultaba menos atractiva para vivir.

Mi decisión de mantenerme en la facultad de medicina era firme, razón por la cual me desanimaba bastante cuando me iba mal en los exámenes y no alcanzaba las calificaciones para ser una alumna destacada.

Al distanciarme de Mateo, también lo hice del resto del grupo, nadie me buscó ni me preguntó por qué me había alejado, actuaban como si nunca hubiera sido parte de ellos. Esto me afectó bastante, admito que incluso lloré. De repente descubrí que me había quedado sola, pero esto ya no era como en la secundaria donde al menos podría encontrar un grupito de compañeras que me aceptaran, esto era la vida adulta, el dolor de la soledad en la etapa universitaria era novedoso y amargo.

Pero no era el hecho de estar sola, sino el hecho de ser una persona que no era funcional dentro de un círculo social.

Me había propuesta ya no ser arrogante, pero esto terminó siendo peor, pues ahora era la «loca de los vestidos». Cada que había un trabajo en equipo, mis compañeros buscaban completar los suyos cuanto antes para no tener que admitirme.

No importaba cuánta ropa comprara, cuánto cuidara mi cabello, cuántos estilos de maquillaje probara, siempre me sentía insuficiente, me era imposible no compararme con mis compañeras. En casa me miraba al espejo y me frustraba el no poder poseer ni una cuarta parte de la belleza de Desirée.

Por todo esto seguí con el juego, me engañaba a mí misma para vivir una segunda vida donde nada me hacía falta. De tanto fingir, me lo terminaba creyendo y era feliz durante las noches.

A pesar de lo problemática que era la trama de la revolución, Lucien y yo decidimos que Costa Paraíso era el sitio indicado para nuestra boda, debido a que en la ciudad se encontraban la mayoría de nuestros conocidos. Queríamos algo sencillo, una simple ceremonia en el templo del peñón y después una fiesta en el salón de La copa de ajenjo.

Fui entregando las invitaciones a nuestros amigos y conocidos dentro de la ciudad y a un par que frecuentaban otros entornos. Era surreal la alegría que fingían otros usuarios ante mi próxima boda.

Una noche que no me conecté a Dromen se me ocurrió buscar información sobre este tipo de bodas en internet, me sorprendió ver que no sólo eran comunes, sino que también eran algo que se hacía desde hace casi medio siglo. Encontré artículos viejísimos que hablaban sobre amigos o parejas que se casaban en juegos virtuales, antiquísimos juegos con nombres tan raros como Habbo o Second Life.

Pasé horas leyendo las experiencias de personas que vivieron en aquella época cuando la hypnet era algo inimaginable.

Comprendí que mi historia con Lucien era la historia de decenas, cientos o miles de parejas. ¿Esas parejas habrían pasado por algo similar?

Aunque el común denominador de estos testimonios era la alegría que provocaba la ceremonia virtual en sus participantes, los desenlaces variaban. Algunas parejas habían pasado de lo virtual a lo físico celebrando bodas reales, otras habían conservado su amistad bajo términos claros y unos más tenían finales agridulces en los que no faltaba la decepción, los engaños y la infidelidad.

A pesar de todo esto, seguía considerando que mi relación con Lucien poseía características que la hacían única, lo cual me impedía conocer cuál sería nuestro final, mismo que deseaba que nunca llegara.


Hola, les ofrezco una enorme disculpa, estuve ocupado con trámites para estudiar mi posgrado y se me olvidó actualizar, pero les dejaré este capítulo y uno más para compensar. Nuevamente les agradezco seguir esta historia, ¡valen oro!

Piel oníricaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora