¡Desirée pidiéndome matrimonio! ¡Vaya final más inesperado! De tantas formas que había para demostrarme que lo nuestro no era más que un juego, Ángela escogió la más extraña. A ver, sé que para quién lea esto puede resultar un poco confuso, pero hay que entender el lenguaje entre líneas que usábamos.
Nuestro noviazgo a menudo se trasladaba al mundo físico, yo la estimaba realmente, pero no le demostraba todo lo que sentía a Ángela para que no me tomara por un intenso. No podía exponerme a que mi querida Desirée fuera en realidad una morra mamona que me pusiera un alto apenas y le expresara mis sentimientos reales.
Por eso mismo cuando me propuso matrimonio supe lo que en el fondo me quería decir: «mira, amigo, esto de acá es sólo un juego, nuestro noviazgo es cosa de Desirée y Lucien, quienes ahora serán esposos, pero nosotros en la vida real ni nos topamos, ¿te quedó claro?».
Era muy obvio. Los matrimonios en la hypnet eran comunes, pero casi siempre seguían dos patrones: parejas que ya se conocían en la vida real y que deseaban celebrar o simular su boda en el mundo onírico, o simples amigos o desconocidos que elaboraban largas historias de amor sin coincidir en la vida real (como dos actores en una película, pues).
Pero como Don Pendejo andaba necesitado de afecto femenino no hizo más que seguir con el juego. Lo tomé por el lado positivo: al menos ahora las cosas estaban claras.
Sabiendo que lo nuestro se limitaba a un juego de rol, supe que no tenía que guardar ningún rencor a Ángela, al contrario, me sentí agradecido hacia ella por ser la constante compañera de juegos de este amargado ogro llamado Bernardo. Lo cierto es que sin ella, la hypnet no sería tan divertida.
Con tal de que no fuera a pensar mal de mí, actúe de la mejor manera posible, seguí interpretando a Lucien. Después de que se me pasara la tristeza, me puse a planear la boda.
¡Vaya tarea!
Lo hice de buena gana, fue divertido lo admito.
Por cuestiones de tiempo, apenas podía ver a Desirée una vez por semana para discutir los detalles sobre la boda. Lo bueno fue que ella me dio gran libertad de decisión, además se le veía tranquila, tal vez habíamos llegado a un punto final de armonía, no el ideal, pero aceptable a fin de cuentas.
Lo primero que hice fue buscar el lugar para la ceremonia. Escogía la Iglesia de Santa María Dolorosa, el bonito templo color rosa en la punta del peñón, conocía desde hace tiempo al usuario que lo administraba, el padre Honorato. Vestía como un joven sacerdote católico, siempre de negro y con un alzacuellos blanco. Su conocimiento sobre teología, ritos católicos y demás ceremonias hacía que me preguntara cuál era su relación con la iglesia en el mundo físico.
El templo era usado muy a menudo para celebrar bodas, me atrevo a decir que era su función principal. Debido a la revolución, no había tantas bodas programadas, por lo que pude escoger una fecha que fuera accesible tanto para Ángela como para mí (un día en el que no tuviera ninguna odiosa guardia). La fecha quedó marcada para el dieciséis de marzo un día después del segundo aniversario del día que conocía a Desirée y dos días después del cumpleaños número veintiuno de Ángela.
—¿Te parece bien la fecha? —Le pregunté una noche.
—Claro, siempre y cuando no te moleste tener que festejar tres días seguidos: uno para festejar que nos conocimos, otro para celebrar mi cumpleaños y otro más para recordar nuestra boda —expuso Desirée.
El padre Honorato me indicó que Desirée y yo tendríamos que asistir a una pequeña clase sobre el protocolo a seguir para la boda. También me dijo que haría algunos ajustes al templo para celebrar la ceremonia sin inconvenientes.
—Puedo configurar el templo para que en el interior estén prohibidos los combates, así nadie podrá disparar. Una simple medida de seguridad.
—No es necesario, nuestros invitados respetarán la boda.
—Entonces, ¿no lo activo?
—Nah, no te molestes.
El siguiente paso fue buscar un lugar para la fiesta, cosa sencilla, pues apenas Eros se enteró de nuestro compromiso, nos dijo que él se encargaría del decorado, la música y el banquete. Escogimos a Eros y a Renée (la organizadora de eventos) como padrinos para nuestra boda. Ellos cumplirían el papel de todos los padrinos, exceptuando el de padrinos de lazo, de eso se encargarían Margherita y Gianni (dos usuarios que Desirée había conocido en el club de literatura).
Lo siguiente fue buscar un el traje. Eros me ayudó con esto, terminé por escoger un traje negro con una corbata del mismo color, algo modesto pero acorde al contexto histórico que se buscaba simular en Costa Paraíso.
—¡Alta facha, Lucien! Hasta yo me casaría con vos —bromeó Eros.
Dimos la noticia de nuestro compromiso con discreción, procurando que sólo se enteraran aquellos que asistirían a la ceremonia, un total de treinta personas en los que se incluían usuarios de Costa Paraíso y de otros entornos, tanto conocidos de Desirée como míos. Tuvimos que ser listos a la hora de escoger, pues la Iglesia de Santa María Dolorosa sólo tenía espacio para cuarenta usuarios al mismo tiempo, mientras que La copa de ajenjo tenía un cupo máximo de sesenta usuarios.
Las cosas marchaban conforme a lo planeado, Fontana y Salazar no volvieron a aparecerse y la mayoría de nuestros invitados seguían vivos dos semanas antes de la boda (dos habían «muerto» durante un enfrentamiento contra los militares).
Pero algo en mí cambio después del ensayo de la boda.
El padre Honorato se estaba tomando demasiado en serio la preparación, simulando un rito bastante similar al de una boda real, rozando casi en una blasfema y resumida imitación que despertó en mi un ligero y cómico temor a estar pecando.
Pero no sólo era Honorato, los padrinos que nos acompañaban estaban totalmente inmersos ensus papeles. La única que se salvaba era Desirée a quien se le apreciaba distraída. Cuando hablaba Honorato, Desirée miraba hacia los vitrales del templo o hacia el techo, entre impaciente y ansiosa.
Practicamos la entrega de los anillos.
No había anillos, pero tomé la mano de mi novia y simulé que le colocaba el anillo.
—Desirée, recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad hacia ti. Ella sólo se me quedó viendo sin expresar emoción alguna.
Parpadeó un par de veces.
—Perdón... Yo recibo...
—No, simplemente repite lo que él dijo —corrigió Honorato en voz baja. Desirée se acomodó el cabello con discreción, se disculpó y tomó mi mano.
—Lucien, recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad hacia ti.
Al final del ensayo, cuando nos retiramos del templo, apenas y hablamos, un nuevo muro de timidez se había levantado entre nosotros dos.
¿Tal vez estábamos llevando demasiado lejos este juego?
¿Sería que en el fondo ambos sentíamos un cariño auténtico el uno por el otro y nos molestaba reducirlo todo a un rol colectivo?
No encontré forma de preguntárselo a Desirée.
Durante los diez días anteriores a la boda no nos vimos.
Cuando llegó la fecha me sentía feliz y emocionado por participar en ese acto, pero en el fondo sabía que estaba llegando a la cima de esta puesta en escena, en cuanto Desirée y Lucien se volvieran esposos, Ángela y Bernardo perderían cualquier oportunidad de ser pareja en el mundo físico.
Una vez que fuéramos esposos en Dromen, sería patético y vergonzoso contactarla por otros medios, imaginaba una penosa conversación donde yo me presentaría diciéndole: «ey, Ángela, soy el güey con el que te casaste en Dromen, ¿podemos ser amigos?».
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Piel onírica
Science FictionDesirée y Lucien son la pareja ideal, llevan una vida perfecta en Costa Paraíso, un pueblo mediterráneo en 1964. Pero nada de esto es real, el año es 2051 y Costa Paraíso es un entorno virtual. Desirée es en realidad una joven marginada de Colombia...
