La librería era inmensa, pero aparentaba ser más pequeña debido a la atmósfera oscura que le otorgaban las débiles lámparas ambarinas y los pesados libreros de caoba. Parecía sacada de un cuento de hadas, en el fondo había una escalera de caracol con una alfombra color granate que conducía a un entrepiso donde se hallaba una segunda colección de libreros y tres enormes vitrales que convertían los destellos del sol en ráfagas de colores.
No obstante, la belleza de la librería se vio opacada por el caos.
Había varios libreros derribados, libros tirados por los suelos y un par de lámparas rotas. A pocos metros de la puerta de entrada (bloqueada con un escritorio) se encontraba el cuerpo de un hombre joven sobre un charco de sangre, afortunadamente, aquel hombre no era más que un bot al que el comandante Salazar le había disparado por la espalda.
Mientras Salazar vigilaba la entrada, el cabo Fontana interrogaba a Jane, la anciana dueña de la librería. La mujer permanecía sentada en una silla detrás de la caja registradora con las manos esposadas.
—¡Cobardes! ¿Pensáis que esta es la manera correcta de buscar información? ¿Así esperáis mantener de su lado al pueblo?
—Usted habla mucho, señora —comentó Fontana con una sonrisa maliciosa—. Díganos en dónde será la siguiente reunión de los rebeldes, ya sabemos que será el próximo viernes.
—¡No diré una sola palabra! —renegó.
A Joaquín seguía sorprendiéndole el nivel de compromiso de todos los usuarios respecto a la trama central de la revolución. La constancia colectiva daba como resultado una historia atrapante.
Tras varias semanas seguía sin obtener datos sobre Lucien, pero le constaba que su hermana seguía viéndolo.
Se conectaba a Costa Paraíso una vez cada dos semanas para reunirse con Jimmy y saber si había novedades. No obstante, Jimmy se había olvidado del asunto y estaba demasiado concentrado en interpretar al violento cabo Fontana.
Esa noche había aceptado acompañarlo a interrogar a una usuaria que poseía importante información sobre los revolucionarios. Habían entrado a la librería y después de que ella se negara a sus peticiones, procedieron a derribar los libreros y dispararle al bot que actuaba como asistente.
—¿Ni una palabra, eh?
El avatar de Jimmy se alejó de Jane y caminó por la biblioteca con las manos cruzadas en la espalda, luego sacó de un bolsillo de su chaqueta un encendedor y un puro. Encendió el puro y dejó que este soltara un poco de humo mientras echaba un vistazo a los ejemplares expuestos en los libreros.
—¿Qué opina, cabo Fontana? ¿Quién le gusta más? ¿Camus o Kafka?
—¿Qué? —preguntó Joaquín.
—¡No! ¡Ni lo piense! —exclamó Jane, deduciendo lo que Jimmy planeaba.
Fontana tomó un libro y empezó a hojearlo mientras en la otra mano sostenía el puro.
—El extranjero, lo leí hace tiempo, bueno sólo las diez primeras páginas —comentó el cabo, acercando el extremo ardiente del puro al papel.
—¡No! —gritó la anciana.
—¿Qué pasa, señora? ¿Quiere decirme, algo?
—¡No puede quemarlo! ¡No habrá forma de apagarlo! ¡Se quemará todo el lugar!
Aquella usuaria era muy buena interpretando su papel, quizá el único defecto es que su voz era demasiado joven para usar el avatar de una mujer tan mayor.
—No le creo —dijo el cabo—. ¿Qué opina, comandante? ¿Vemos si es cierto lo que dice?
—Jim... Fontana, creo que ya es suficiente —dijo Joaquín a quien le preocupaba la crueldad que su amigo mostraba al introducirse en su personaje.
ESTÁS LEYENDO
Piel onírica
Ficção CientíficaDesirée y Lucien son la pareja ideal, llevan una vida perfecta en Costa Paraíso, un pueblo mediterráneo en 1964. Pero nada de esto es real, el año es 2051 y Costa Paraíso es un entorno virtual. Desirée es en realidad una joven marginada de Colombia...
