Capítulo 13-2

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Los meses pasaron, mayo se fue en un suspiro dando paso a unas vacaciones de verano que lejos de ser reconfortantes resultaron desesperantes. El exceso de tiempo libre dio rienda suelta a mi mente para juzgarme y generarme angustias.

Pasaba los días encerrado en mi casa pintando, viendo los videoclips editados por mi hermana y conversando con mi madre y mi abuela mientras veían la televisión intoxicándose en sus nubes de tabaco. Me las apañé para inventarme excusas y no acompañar tantas veces a mi padre a su consultorio (quien tenía una extraña obsesión con jamás tomar vacaciones).

Con tal de no sufrir un colapso mental, busqué un trabajo que además me serviría para obtener un ingreso y así no tenerle que pedir a mis padres dinero para pagar mi ropa, mis videojuegos y mis gastos en la hypnet.

Entré a trabajar los fines de semana a un pequeño establecimiento donde se vendían papas fritas, nachos y elotes a dos cuadras de mi casa. El trabajo era sencillo, los otros empleados y yo tomábamos las órdenes, freíamos las papas y preparábamos los elotes. Como el local era sencillo y el menú limitado, la limpieza se hacía con facilidad y no me demandaba mucha energía física.

Lo mejor del trabajo es que entraba a la una y salía a las o nueve y media, por lo que alcanzaba a llegar a tiempo para ver a Desirée en Dromen.

Mientras mi padre se mostró satisfecho con mi decisión, mi madre no dejaba de lamentarse diciendo que era innecesario que me desgastara trabajando.

Entre el trabajo y mis pasatiempos, no releí ni una página de mis apuntes y en lo que respecta a mi novia, prácticamente ni salíamos. Caroline tenía el pinche hábito de durar días enteros planeando una simple salida, de modo que pasamos un mes entero planeando ir a cenar pizza.

Entre más tiempo pasábamos siendo novios, más temas de conversación se agotaban. Yo no tenía interés en los chismes de su universidad y ella se aburría apenas comenzaba a hablar sobre mis ambiciones artísticas. La hubiera tolerado de no ser por otro asunto.

El apetito sexual de mi novia no dejaba de crecer... igual que el mío. Por un lado deseaba coger, pero no con ella, no quería desnudarme y compartir mi intimidad con una mujer a la que no amaba. Aunque los tocamientos se detuvieron, no lo hicieron las insinuaciones.

Pude mantenerla a raya un par de meses, pero una noche cedí. Lo admito, andaba cachondo.

Estábamos chateando y tras un par de mensajes sugerentes Caroline me mandó un video corto donde se quitaba el brasier y se acariciaba los pechos... ¡Esos fueron los primeros pechos que vi! (Sin contar los cientos que vi antes gracias al porno, obviamente).

Reaccioné como cualquier hombre hubiera reaccionado. Pero ese video no iba a ser gratis. Siguiendo las indicaciones de mi novia, le mandé una foto mía en ropa interior. A esto siguió un intercambio de fotos y videos cada vez más intenso, hasta que finalmente pude desnudarme ante ella gracias a la seguridad que me brindaba la pantalla de mi celular.

Después de masturbarme con sus fotos (y de que ella se masturbara con las mías tal y como me contó) llegó el arrepentimiento.

Piel oníricaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora