Capítulo 23-2

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—Mano, no me diga que esto le aburre, ¡está divertidísimo!¿

—¿Divertido? Es patético cómo todos se lo toman tan en serio —repuso Joaquín—. Los juegos son para divertirse, me cansa tener que seguir tantas reglas, Jimmy.

—¡Nada de Jimmy! Aquí soy el cabo Fontana y usted es el comandante Salazar. Joaquín resopló y apoyó la barbilla sobre sus nudillos.

—¡Qué barecito tan chévere! —expresó el «cabo Fontana» antes de darle un trago a su botella de agua tónica—. Las luces amarillas, la madera reluciente, la musiquita en francés, ¡oh, la lá! Anímese, comandante.

Llevaba cuatro noches conectándose a Costa Paraíso en compañía de Jimmy. Al principio le costó convencerlo, Jimmy estaba demasiado ocupado trabajando como enfermero en un hospital público, pero al final las súplicas de Joaquín y una hamburguesa con tocino lo hicieron cambiar de opinión.

Jimmy, que en el mundo físico era extrovertido, se desenvolvía con una sorprendente naturalidad en la hypnet. Durante su primera noche acompañando a Joaquín logró que ambos entraran a las filas del ejército del General, compró un departamento, se hizo amigo del dueño de una cantina y coqueteó con dos usuarias. Fue él quien le explicó al inexperto Joaquín que antes de jugar tenía que inventar una historia para su personaje, así nació el comandante Salazar, un hombre de orígenes humildes pero gran disciplina que había entrado a corta edad al ejército, escalando posiciones tras varias misiones victoriosas contra grupos terroristas.

Su personaje era quizá lo único que le gustaba de toda la hypnet. El cuerpo masculino y alto que adoptaba en el mundo onírico le hacía sentir más seguro, ahora le era más fácil mostrar dureza, pues en el mundo físico su baja estatura y rostro aniñado se lo impedían.

Joaquín había evitado revelarle los motivos reales por los cuales se conectaba a Costa Paraíso, pues sabía bien que Jimmy le temía a Ángela, le había mentido diciéndole que simplemente «quería experimentar la hypnet».

El único momento divertido que había tenido en Costa Paraíso había sido la noche anterior cuando él y Jimmy recibieron la misión de detener a un grupo de rebeldes que se reunían en el ático de un edificio departamental en una zona limítrofe de la ciudad. Sólo que en lugar de arrestarlos y llevarlos al cuartel, decidieron ejecutar a los cuatro usuarios una vez que los obligaron a rendirse.

Esa noche, lejos de participar en misiones, fueron a La copa de ajenjo, pero no por casualidad. Joaquín sabía que a esa hora su hermana estaba conectada y tenía la esperanza de encontrarla en ese bar junto al supuesto Lucien (mismo del cual no habían obtenido información).

Después de un par de minutos conversando, la suerte le sonrió al chico y vio cómo su hermana, ahora con un pantalón bermellón y una blusa blanca, se sentaba desprevenida en una mesa para dos al fondo del bar. Pero no estaba sola, la acompañaba un hombre delgado y bien parecido de cabello oscuro que usaba una camisa azul y un pantalón caqui.

«Allí está el malparido» pensó.

Entre la mesa de Joaquín y Jimmy y la mesa donde estaba su hermana se interponía un pilar que le sirvió para ocultarse y poder ver de reojo a Ángela.

—¿Qué anda viendo? —preguntó Jimmy volteando hacia sus espaldas.

—Sea discreto, carajo. Allá hay una parejita de espías, me pasaron sus nombres hace unas noches —mintió.

—¿Espías? Hay que darles un saludito —dijo Jimmy con una mano sobre la funda de su pistola.

—Espere, sólo hay que vigilarlos. Cállese y actúe natural. Tómele a su botella.

Piel oníricaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora