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Si le preguntaran a Jihoon sobre Seungcheol, entonces no sabría qué responder... Cuando los mensajes se volvieron frecuentes y las llamadas estuvieron a diario se dió cuenta de lo parecidos que eran.

La primera vez que se reunieron, fue en junio. Choi había sido capaz de viajar hasta Gangnam solo porque Lee dijo tener un día aburrido.

—El nombre, dame el maldito nombre.
—¡Barty Cruch Junior!

Después de aquella respuesta le siguieron las carcajadas que llenaron el nuevo departamento del menor. Era realmente difícil encontrar a alguien con tu mismo tipo de humor, luego estaba Seungcheol, siendo capaz de hacer el ridículo para sacarle una sonrisa. Así había comenzado todo entre ellos. Sin Jihyo cerca, Jihoon había aprendido a conocer mejor el mundo y ser capaz de adaptarse a distintas situaciones.




La segunda vez, fué Jihoon quien viajó a Daegu y pasaron juntos el fin de semana. Extrañamente, ya no le molestó tenerlo cerca y tampoco le molestó el peso de Seungcheol en su hombro cuando había terminado de llorar después de desahogarse.

Para el cumpleaños de Seungcheol, ya habían perdido la cuenta de las veces que se habían reunido. Encontraron divertido caminar sin sentido y perderse por las calles, así como también ir a karaokes y comprar dulces raros que no comerían jamás.

—Hay pan de melón.
—Deme un pan de melón.

La seguridad con la que el más bajo pidió hizo que a Seungcheol le gustara un poco más. Jihoon realmente prestaba atención a sus gustos y Choi no quería ilusionarse, pero era demasiado tarde. Jihoon le gustaba mucho más que antes.




Determinar el punto donde Jihoon descubrió que se estaba enamorando de Seungcheol era difícil. Un día se encontró escribiendo la canción que iniciaría su diario sobre aquel hombre. Chocolate, así la llamó, y fué pensando en la sexta reunión que tuvieron, cuando Seungcheol corrió y se pegó a una vitrina mientras sonreía cual niño por la variedad de dulces.

—Mira. Aquella caja, la de color rosa.
—¿Qué tiene de especial?
—Un día, me confesaré y la entregaré.
—¿Y si ya no existe?
—La haré. La armaré y pondré chocolates.
—¿Por qué es tan especial?
—No lo sé, solo sé que en cuanto la ví así sería.

Las conversaciones siempre se reproducían en su mente. No podía y no quería evitarlo.
Seungcheol, en pocos días, logró convertirse en su musa y, en repetidas ocasiones, se encontraba así mismo con la mirada fija en los bonitos ojos que parecían no darle atención.

Pronto, Jihoon se encontraba a si mismo pensando más en él y en tomar el consejo de JDV. Sería su primera declaración, lo haría... Cuando se sintiera lo suficientemente valiente para arruinar una buena amistad.




—¿Baile de salón?
—Aprendí un par de pasos cuando llegue a Seoul.
—No es buena idea, soy pésimo.

Aún en contra de su voluntad, Jihoon se vió entre los brazos ajenos mientras trataba de atinar con los pasos de baile. Su lado racional le gritaba lo ridículo que se verían si alguien los encontrara en aquella posición.
Por otro lado, Seungcheol había comenzado a sonreír sin parar. Sus pensamientos eran Jihoon y ese baile quedaría en su mente, lo recordaría toda su vida. La manera en que sus cuerpos encajaron bien después de dar una vuelta y en como ambos desviaron la mirada cuando sintieron que estaban bastante cerca de rozar sus labios.

Seungcheol estaba olvidando a Jeonghan y Jihoon a Joshua; quizás debió ser de esa manera siempre.




Diciembre llegó más rápido de lo esperado y Jihoon, por primera vez en mucho tiempo, se encontró haciendo sus maletas, quince maravillosos días de vacaciones. La nieve estaba cayendo cuando salió de su departamento y rogó para no tener que enfrentarse a una tormenta de camino a Busán... Era una lástima que justo ese día, veintiuno de diciembre, tuvieran alerta de una.

Cuando Jihoon (2JiHanCheol)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora