—Este es mi número, llámame
—Seguro
—Siempre dices eso
Sonrió mostrando sus hoyuelos y llevó el pequeño carro de compras de regreso al supermercado. Seungcheol solía bromear sobre ser un Adonis con sus amigos, pero cada día comenzaba a creer que quizás no era solo broma.
Dejó el carrito en la fila y volvió a su lugar en los casilleros, parado y con las manos juntas en la espalda mientras vigilaba discimuladamente a cada cliente, intentando no recordar el día que volvió a encontrar a Jihoon.
Jihoon... ¿Que era Jihoon en su vida despues de tantos años?
Seungcheol fue criado por unos padres que antes de juzgar debían conocer la situación. Su mamá supo desde el primer momento que no tendría una nuera; "cosas de madres", respondió cuando Seungcheol a los catorce años le dijo que había un niño que le gustaba.
Contrario a lo que muchos se imaginan por su apariencia, Seungcheol fue críado como "una pequeña princesa", cortesía de sus abuelos quienes deseaban una nieta. Sí, a diferencia de otros abuelos, ellos querían una niña y Seungcheol tuvo que cargar con eso luego de escuchar como los señores discutían con su madre por no haber sido capaz de darle una niña a su esposo.
Era solo un niño de siete años que recien entendía, dentro de su pequeño conocimiento del mundo, el rechazo de los mayores y no quiso que a su hermano le sucediera lo mismo; aprendió a ser lindo, a ser delicado, a usar lazos y alguna que otra vez, a usar los vestidos que los ancianos habían comprado para la nieta que nunca llegó.
Mientras crecía quiso tener una novia como sus amigos y se odió a si mismo cuando escuchó a la mamá de Joshua despreciar a los gays; él podía con las miradas, pero no se sentía capaz de hacer frente a las palabras. Odió a sus abuelos por el desprecio a su madre y por "convertirlo" en, lo que según la madre de su amigo era, un "monstruo".
Seungcheol sonreía frente a todos, podía jugar con todos, pero poco a poco comenzaba a sentirse cansado y esperó pacientemente algo a lo que llamaban "milagro", mismo que llegó en forma de un chico y se llamaba Jihoon.
Fue por ese niño que Seungcheol se aferró a sonreir y a seguir yendo a la escuela, creía que valía la pena pasar frente a la casa de Joshua y soportar las miradas solo para llegar e intentar hablarle.
Cuando Joshua se mudó, solo pudo llorar y desear haber sido más discreto con su forma de ser, quizás así los padres de Joshua no se habrían ido tan de prisa llevándose a uno de sus mejores amigos con ellos; Seungcheol no lo sabía, pero no era su culpa, era un adolescente que un par de veces pensó en morir por no saber como afrontar la vida
¿Morir? Ocultó bien ese deseo durante la secundaria. Sus padres decían que estaba bien ser gay, que estaba bien y daba igual quien le gustara mientras no hiciera daño a nadie, pero en la calle no era igual, el mundo seguía tan cerrado a su alrededor que despues de la secundaria decidió huir de ese mundo.
Busan, lugar cerrado y orgulloso de sus hombres, ese no era su lugar; las afueras de Seoul tambien era cerrado, pero no como su antigua ciudad. Con dieciocho años no había mucho a donde ir, pasó de dormir un par de veces en un parque a correr para no ser atrapado por lo mismo.
La primera vez que alguien le dio la oportunidad de trabajo fue en un viejo mercado y se vio vestido a si mismo con un traje azul marino, guantes y algo para que las cajas no lastimaran sus hombros; se acostumbró a bajar costales de legumbres a las cuatro de la mañana y con lo poco que ganaba a diario reunir para poder ducharse.
Cuando el mercado cerró tenía ya veinte años y sus amigos eran señores mayores de cincuenta años que habían trabajado con él, su abuelo era el señor que atendía las duchas y su abuela era la anciana que vendía frutas en la puerta; no sabía de sus padres y esperaba que fuesen felices, tan felices como lo era él.
Dicen que los zapatos correctos te llevan a los lugares correctos... lo comprobó cuando para su cumpleños veintiuno el abuelo Kang le regaló un par de zapatos usados y Seungcheol los abrazó como si de un regalo costoso se tratara. Usando esos zapatos se despidió de quienes nunca lo juzgaron por su orientación y emprendió su viaje al centro de la ciudad; el antiguo dueño del mercado lo había recomendado como cargador y fue aceptado.
Llegar a un lugar lleno de luces, con una vida costosa no fue muy distinto a estar en Busan, con la diferencia de que, en este nuevo lugar, las personas pasaban de su existencia y eso le agradó.
Decidió pagar para pasar la noche en algún lugar de mala muerte solo para ahorrar, algo que funcionó durante el primer mes y agradeció llevar puesto los zapatos de regalo cuando le tocó huir para no ser asaltado.
Para subir de escalón suele necesitarse de contactos y favores, Seungcheol no tenía ninguno, pero se esforzó tanto que se ganó la confianza de la gerente del supermercado, quien luego de ruegos, le cedió un nuevo cargo como guardia nocturno. A sus veintitres años y con los zapatos regalados ascendió a guardia nocturno, manteniendo ese puesto hasta ascender a los turnos de día, donde meses despues volvería a encontrarse con Jihoon.
Ahora era un guardia con un modesto departamento que compartía con uno de sus compañeros de trabajo llamado Yoon Jisung para evitar gastos mayores.
—Encontré esto, hay que cambiarnos al turno nocturno.
—¿Cursos?
—No son universitarios, pero si dan diplomas válidos.
Seungcheol revisó cada uno de los folletos entregados por Jisung, no había nada que perder, eran dos hombres sin estudios universitarios que intentaban aprender de todo para sobrevivir.
—¡Gerente Im!
—¡Necesitamos volver al turno nocturno!
Se escuchó por los pasillos del supermercado mientras los dos hombres corrían entre risas hacia una de las cajas.
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Cuando Jihoon (2JiHanCheol)
DiversosJihoon prometió volver con un título en manos y así lo hizo... sus tres novios solo eran pequeños grandes detalles con los que no contaba
