𝟑𝟖

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— ¿Qué pasaría si te dijera que tú ya has muerto, no una, sino que dos veces?

Kairi miró a su enemigo fijamente, sin ninguna expresión en su rostro, a pesar de que por dentro el corazón se le había encogido. ¿Le estaba insinuando que la podía matar tan fácilmente?

— Seguramente estarás esperando un stand súper extravagante — siguió hablando Usso —. Siento mucho decepcionarte, pero no es nada excepcional.

El hombre detuvo su paso, al lado de un acantilado, casi como insinuando que la mangaka podría empujarle y acabar con su vida cuando quisiera. Al fondo del acantilado, había un lago, el cual era imposible para la fémina determinar su profundidad desde allí por culpa de la oscuridad de la noche.

— Mi stand es este reloj.

Usso enseñó como en la palma de su mano se hallaba un reloj, que encajaba perfectamente con el tamaño de esta, estando formado por un recubrimiento similar al oro y unas simples agujas de metal oscuro que marcaban en números romanos las horas, los minutos y los segundos. Sin embargo, el reloj no funcionaba. El varón miró atentamente el objeto, sonriente.

— ¿Y me estás diciendo que con ese reloj has conseguido matarme dos veces? — cuestionó Kairi, quien empezaba a sudar cada vez más.

— No, no, que va. De hecho, yo nunca te he matado — rió suavemente, como si toda la situación le pareciese divertida —. Habría sido muy estúpido y un despropósito si te necesito ahora, ¿no? Tus seres queridos fueron quienes te mataron, y, si puedo agregar algo, uno de ellos lo hizo de una manera tan cruel que jamás he vuelto a ver algo parecido. Fueron ellos los que me obligaron a usar mi stand para poder llegar a este momento.

La garganta de Kairi de repente se quedó completamente seca. Quiso tragar saliva pero no podía. Todo su cuerpo estaba completamente paralizado. ¿Sus seres queridos? ¿De quién demonios estaba hablando específicamente? ¿De Rohan? ¿De Jin? ¿De Josuke? ¿O estaría hablando de Jotaro? Todo aquello sonaba a una calculada mentira para que dudase de sus propios compañeros.

— Aunque, primero de todo, déjame presentarme correctamente. Mi nombre es Tokei Jikan, y soy de los últimos aliados de Dio.


·····


El joven Jikan corría de un lado a otro del edificio donde trabajaba. Solo era un becario allí, así que todo el mundo se aprovechaban de él para hacerle pedidos ridículos y regañarle sin ninguna razón.

Luego de otra regañina sin sentido, Tokei no pudo evitar sentirse frustrado. Desde que había terminado la universidad, todo iba cuesta abajo en su vida. No había encontrado un buen trabajo, su novia de toda la vida lo había dejado por su mejor amigo, y sus padres le habían cortado el grifo respecto al dinero, acabando en un piso ridículamente pequeño, sin apenas ahorros. Solo podía comer, trabajar, y dormir.

𝓒𝓸𝓵𝓵𝓪𝓫𝓸𝓻𝓪𝓽𝓲𝓸𝓷 | ᴋɪꜱʜɪʙᴇ ʀᴏʜᴀɴ |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora