𝟒𝟎

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Inhaló, y exhaló. El aire pasando con fluidez por sus pulmones, antes de permitir que su brazo bajara, dejando que la pluma que sostenía en su mano tocara el papel, manchándolo de tinta.

Trazó con rapidez las últimas líneas de su capítulo semanal. No podía perder el tiempo equivocándose, aunque con su experiencia sabía que no lo haría.

Tomó aire, y lo soltó por la boca. Ahora tocaba el sombreado. Cualquier mangaka habría dejado ese trabajo para sus ayudantes, pero no tenía. Nunca los necesitó. Se había acostumbrado a trabajar sola, y no hacer todo inmediatamente se le hacía raro.

Sacó del cajón los papeles con textura y los comparó, decidiendo cuál quedaría mejor, antes de decantarse por uno. Preferiría dibujarlo ella a mano, así podría darle su toque personal, mas el tiempo apremia, y era cierto que aquellos papeles con patrones eran útiles para ahorrarse tiempo, además de combinar bastante bien con la estética del manga que estaba creando. A lo mejor había sido muy crítica en el pasado con estos.

Expulsó el aire de sus pulmones por última vez. Estaba listo. Había conseguido terminar el trabajo de esa semana. Parecía que no iba a acabar nunca.

Kairi dejó caer su cabeza sobre el escritorio, soltando un suspiro, exasperada. Sus párpados pensaban tanto que estaba segura que no aguantarían abiertos más de cinco minutos. Le habían asignado el editor más irritante que había en toda la editorial. Nadie podía convencerla de que había otro que fuera más irritante, molesto, e imbécil que el que le habían asignado a ella.

Le había hecho repetir el capítulo de esa semana tres veces, y, si bien a ella no le importaría repetir su trabajo, esa semana justamente no había tiempo físico para hacerlo. Había tenido que terminar el regalo de bodas de Koichi y Yukako, el final de un manga que había estado publicando de manera secundaria y mensual que ahora la editorial le había metido prisa por terminar, y un one-shot que no sabe por qué prometió que haría para celebrar el Día Verde en honor a la naturaleza y bla, bla, bla... ¿Por qué el puñetero editor no era capaz de darse cuenta de que tenía mejores cosas que hacer que repetir el capítulo tres veces porque no sabía explicarle bien cual era el problema de este? Ni siquiera le gustaba la dirección que estaba tomando su manga por culpa del susodicho.

— Prefería a Jinkan... — murmuró para si misma, levantando un poco la cabeza para mirar por la ventana. Hacía un clima precioso y soleado, propio para la celebración de ese día.

— ¿Incluso con sus verdaderas intenciones? — cuestionó una voz que reconoció al instante.

Kairi parpadeó con pesadez, moviendo los ojos hasta enfocarse en la puerta de su oficina, donde encontró al hombre alto de cabellos y ojos verdes con el que vivía. Rohan sonrió, y se acercó a su mesa, dejándole una taza de té en el escritorio, justo al lado de ella.

— Aun con sus intenciones, tienes que admitir que era buen editor. No he vuelto a tener uno así desde él. — la mujer tomó la taza entre sus manos y la olió. Té rojo. Probablemente había escogido aquel porque decían que mejoraba el estado de ánimo, y eso era lo que necesitaba ella en ese momento.

𝓒𝓸𝓵𝓵𝓪𝓫𝓸𝓻𝓪𝓽𝓲𝓸𝓷 | ᴋɪꜱʜɪʙᴇ ʀᴏʜᴀɴ |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora