𝟑𝟓

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 Cuando Rohan abrió la puerta de su casa, sintió como la soledad inundaba su corazón

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Cuando Rohan abrió la puerta de su casa, sintió como la soledad inundaba su corazón. Todo estaba extremadamente silencioso y vacío. No es que Kairi ocupara mucho espacio o fuera especialmente ruidosa, muchas veces no sabía si estaba en casa hasta que no hacía acto de presencia o él revisaba cada habitación.

Sin embargo, saber que ella ya no estaba definitivamente ahí, que no iba a aparecer por la espalda y asustarle sin querer, o que no iba a escucharla zapateando alterada cuando un dibujo se le complicaba, le hacía sentir terriblemente solo.

Pero su vida tenía que seguir. Había estado viviendo una buena parte de su vida así, solo, así que simplemente se quitó sus zapatos y siguió con su día.

Después de todo, lo de Kairi solo fue una mala excusa para que su editor no tuviera que hacer de mensajero entre los dos. ¿Quién en su sano juicio iría a vivir con alguien que no conoce, a un pueblo del que no había escuchado hablar jamás, para hacer un manga? Si no hubiese sido por él, probablemente habrían acabado trabajando por fax sin verse las caras.


·····


La mangaka miraba el techo de su piso sentada en su silla movible, con los brazos cruzados detrás de su cabeza para que pudiese descansar su coronilla en ellos, los pies encima de la mesa, y el resto del cuerpo inclinado hacia atrás. En su boca, sujetándolo con los dientes, había un lápiz, que movía de vez en cuando apretando más la mordida.

No tenía inspiración. Estaba segura de que tenía una gran idea para su siguiente trabajo, y que solo le faltaba desarrollarla y, voilà! Nuevo manga en menos de lo que canta un gallo, pero ahora que estaba en frente de su escritorio, el escritorio en el que había estado dibujando desde hace años hasta que se tuvo que ir a trabajar con Rohan a Morioh, su idea se había quedado en eso. En una idea. No sabía como desarrollarla, ni que diseños de personajes serían los mejores.

Por primera vez en su vida, se había quedado completamente en blanco. Ni siquiera sabía como empezar a tirar del hilo para que todo se construyera poco a poco.

Solo podía pensar en aquel pueblo, y en el que había sido su compañero durante esos últimos meses. Era como si se hubiese adueñado de la parte creativa de su cerebro.

— ¡KAIRI!

El grito a su lado le hizo inclinarse de más en la silla, cayendo de espalda contra el suelo al volcar su asiento.

— De verdad, cuando te metes en tu mundo no hay quien te saque.

Su primo se inclinó hacia ella para mirarle divertido. Él lucía como siempre, con su traje de trabajo formal y su cabello peinado elegantemente.

— ¿Se puede saber quien te ha dado permiso para entrar? — cuestionó malhumorada, sentándose en el suelo mientras se sobaba la cabeza.

— Estaba tocando a la puerta, pero no contestabas, así que he usado la copia de la llave que me diste cuando te fuiste a Morioh.

𝓒𝓸𝓵𝓵𝓪𝓫𝓸𝓻𝓪𝓽𝓲𝓸𝓷 | ᴋɪꜱʜɪʙᴇ ʀᴏʜᴀɴ |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora