Dos semanas después, bajo el cielo plomizo de Tokio, Atsushi caminaba con prisa, llegando tarde a una cita a ciegas que su madre le había organizado con insistencia. Tras una charla insípida y educada, se despidió de la joven y, mientras caminaba hacia la estación, sacó su teléfono para enfrentar el inevitable interrogatorio materno.
—No, mamá, no funcionó —dijo Atsushi, suspirando con pesadez—. ¿Por qué sigues insistiendo con estas citas? No es como si fuera una gran oportunidad de todas formas... Mamá, en serio, estoy bien. Ya no más citas, ¿de acuerdo?
Al colgar, sus ojos se posaron en la luz tenue de un bar a lo lejos. La idea de un trago para sacudirse el tedio de la tarde le pareció tentadora. Justo cuando guardaba el teléfono, un carro se detuvo frente a él. Del vehículo descendió una figura espigada y vestida de oscuro, Akutagawa.
—Hasta luego, y dale las gracias a papá por las calabazas —gritó una voz alegre desde el interior del carro.
—Oye, mantén tus ojos en la carretera —replicó Akutagawa con su habitual tono seco antes de cerrar la puerta.
Atsushi se quedó paralizado un segundo. El corazón le dio un vuelco.
—Oye... ¿Akutagawa? —llamó, casi sin aliento.
El pelinegro se tensó al reconocer la voz. Volteó lentamente y sus miradas se encontraron, cargadas con el peso de la última vez que se vieron. El silencio se prolongó, denso y eléctrico, mientras los nervios afloraban en ambos.
—Voy a ir a tomar una copa. ¿Quieres acompañarme? —preguntó Atsushi, forzando una sonrisa para romper el hielo.
Poco después, ambos se encontraban en un rincón discreto del bar con varias botellas de sake sobre la mesa. El alcohol comenzó a hacer su trabajo, aflojando las lenguas y entibiando el ambiente.
—¿Fuiste a una cita a ciegas? —preguntó Akutagawa, observando el perfil del peliblanco.
—Sí, mi mamá me presionó. No podía decirle que no funcionaría —admitió Atsushi, jugando con el borde de su copita—. La chica era demasiado buena para alguien como yo. No tengo nada que ofrecer a mi edad. Una parte de mí esperaba que... bueno, que nos lleváramos bien.
—Te debe haber gustado —soltó Akutagawa, con una nota de amargura.
—Es más bien que me he sentido solo —respondió Atsushi, la mirada perdida en el líquido transparente—. Por eso he estado pensando mucho en ti últimamente.
Akutagawa lo miró con fijeza, sus ojos grises como tormentas contenidas.
—¿Por qué has estado solo? ¿Tanto te gustó lo que hicimos? —preguntó con una crudeza que hizo que Atsushi se atragantara.
—Perdón, ya debo estar borracho. Solo estoy diciendo tonterías, olvídalo —dijo Atsushi, cubriéndose el rostro con la mano, avergonzado.
—Atsushi... Senpai... eres más zorra de lo que pensaba —comentó Akutagawa, cruzándose de brazos, aunque su mirada ardía—. Olvida lo que dijiste. Podemos simplemente tener sexo, ¿sabes?
Atsushi alzó la vista, confundido.
—¿Qué?
Akutagawa tomó la botella de sake y volvió a llenar la copa de Atsushi.
—Estoy diciendo que podemos mantener las cosas estrictamente físicas. Sin complicaciones.
—Pero eso no está bien —objetó Atsushi, sintiendo una punzada de incomodidad mientras veía el chorro de sake caer—. No es justo.
—¿Qué es lo que no está bien?
—Ya sé cómo te sientes —dijo Atsushi, desviando la mirada—. No sería justo para mí usar tu cuerpo para el sexo cuando sé que tienes sentimientos hacia mí. Hablo de forma ética, Akutagawa.
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FULL VOLUME || Soukoku
FanficDazai descubre que su malhumorado (y demasiado atractivo) vecino, Chuuya, es en realidad su camboy favorito. Desde entonces, cada transmisión se convierte en una provocación imposible de ignorar. Ahora Dazai solo tiene una pregunta rondándole la me...
