Capítulo 32

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14 de febrero del 2012

14, me pregunto como un número puede significar tanto, ese número que me trae buenos y malos recuerdos. Es ironíco pensar que aquel día fue el más feliz y el peor de mi vida. El día que lo cambió todo.

Me dirigía a casa de Jason aquella noche para sorprenderle. Era nuestro segundo aniversario.
El tiempo había corrido más que nunca, entre momentos de risas y sollozos, momentos de celos, de discursiones y reconciliaciones, de besos y abrazos, de caricias, algunas más valientes que otras, de confesiones, de largas charlas y de otras veces que no nos hizo falta usar las palabras. Lo que sentía por esa chico, se había ido incrementando con el paso de los días y pese a su carácter egocéntrico, conmigo siempre había sacado su lado más cariñoso. Era consciente de que aquello era demasiado bueno para ser verdad, pero él había conseguido borrar todas las dudas de un plumazo.
Pensando en todo eso no pude hacer otra cosa que lanzarme a sus brazos en cuanto abrió la puerta, queriendo que supiera todo lo que significaba para mi con aquel simple gesto.
- Feliz aniversario para ti también - me dijo acariciando mis congeladas mejillas, por culpa del frío que hacía aquella noche - Lisi, yo....
No dejé que terminara y le besé profundamente, consiguiendo que un gemido saliera de su boca y se quedase ahogado entre nuestros labios.
Sin pensarlo si quiera ya estaba tumbada en su cama con él encima de mi, recorriendo mis curvas con sus manos.
- Escúchame - dijo apoyando sus codos a cada lado de mi cabeza - no tienes que hacerlo, te quiero, no hay prisa.
- Lo se, pero quiero hacerlo, aunque yo nunca...
Me callé, sin ser capaz de continuar, sabía que él tenía sobrada experiencia y no quería que se decepcionase o se arrepintiese por no ser lo suficientemente buena.
- Y eso me encanta - me dijo pasando sus labios por mi cuello y bajando hasta mi clavícula - saber que soy el primero, que eres toda para mi, me hace desearte más.
- Jason - le dije con miedo - yo no soy como todas esas chicas con las que has estado, mi cuerpo ni siquiera se acerca a lo que tú...
Una suave risa salió de él, haciendo vibrar mi cuerpo.
- Claro que no eres como ellas, lo que siento por ti, no se compara con nada - dijo acercándose a mi oído, para a continuación decir las palabras que se quedarían grabadas a fuego en mi memoria. - McGuire no hay nada que me pueda impedir hacerte mía esta noche.
Después de eso, volvió a besarme y poco a poco fuimos desaciéndonos de las prendas que empezaban a sobrar.
Aquella fue la primera vez que vi a Jason en todo su esplendor, con timidez recorrí su torso, pasando por sus marcados abdominales, por sus pectorales y finalmente por sus desarollados bíceps, tomándome mi tiempo, queriendo reconstruir su imágen en mi cabeza con todo detalle.
Al igual que yo el se tomó su tiempo en hacerme sentir preparada, hasta el punto de tenerme en vilo, esperando por su próximo movimiento, descubriendo lo bien que se podía sentir una simple caricia o un beso en el lugar adecuado.
Entrelazó nuestros dedos y mirandónos a los ojos nos hicimos uno, jamás podré olvidarme de lo que sentí en aquel momento, de como tuve que apretar su mano con fuerza al principio y de como una pequeña lágrima se deslizó por mi mejilla, de palabras que aliviaron el dolor susurradas al oído, para después dejarme llevar, llegando los dos al final de aquella carrera desenfrenada en la que ambos fuimos ganadores.

Momentos después, mientras estaba apoyada en su pecho y él acariciaba mi espalda desnuda, me fijé que al lado de la foto de su madre, había otra en la que salíamos ambos. Jason me levantaba en volandas mientras yo me reía a más no poder, ni siquiera me acordaba de que aquel momento fuese inmortalizado, pero allí estaba, enmarcado y perfectamente colocado en aquella estantería.
Una de la facetas que había descubierto después de un tiempo saliendo era que aquel chico era un total maniático del orden.
- Quería que las dos personas más importantes de mi vida estuviesen al lado - dijo viendo hacia donde se dirigía mi mirada - estoy seguro de que le habrías encantado.
- Y yo lo estoy de que ella estaría muy orgullosa de ti.
Después de aquella pequeña confesión, mis párpados fueron pesando cada vez más, hasta quedarme dormida en los brazos del chico que había dejado su huella marcada en mí para siempre.



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