Capítulo 23

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10 de enero del 2010

Las navidades habían acabado demasiado rápido y costaba volver a la rutina y levantarse temprano para ir al instituto. Sobre todo cuando todas las paredes del edificio estaban forradas con los anuncios del baile de San Valentín.
Aquel baile era sin duda el mayor evento del año, era el momento para mostrar a todo el mundo si tenías pareja asistiendo con ella, para hacer gala del vestido en el que te gastabas todos sus ahorros o el sueldo de tus padres y también para, simplemente, esperar que tu amor platónico o el chico más guapo del instituto te invitaste a ir con él, lo que era una aunténtica estupidez.
Jenn y yo solíamos ir para reírnos de los vaporosos vestidos que llevaban las más pijas y de los desesperados de turno, pero este año ella asistiría con Mike, por lo que tendría que pensar en otros planes.
- Creo que me estoy mareando de ver tanto cartel - me dijo la pelirroja - pero será divertido ir.
- Lo será para ti, este año irás acompañada - le dije con algo de rencor por romper nuestra tradición.
- Y tú también, estoy segura de que Jason te invitará, últimamente pasáis mucho tiempo juntos.
Lo hacíamos, pero no en el sentido en el que ella pensaba. Además él ya tenía pareja, no había tardado nada en encontrar a una chica con la que pasar aquella noche.
- Que va, ya veré que hago.
- Ir de todas formas, hablaré con Mike, seguro que tiene algún amigo con el puedas ir.
- Jenn no hace falta que...
Pero no pude terminar ya que su novio apareció y ella fue hacia él para tirarse en sus brazos.
Poniendo los ojos en blanco me dirigí a la clase que me tocaba, esperando que la mañana se pasase rápido y pudiese irme a casa.

Llegó la tarde y con ella mi "cita" con Jason.
Habíamos hecho aquello un par de veces, cuando una chica iba detrás de él, quedábamos en algún lugar en el que estuviéramos seguros de que nos iba a ver y nos dábamos el lote hasta que se daba cuenta de que ya había sido cambiada por otra y o le gritaba enfada o se daba por vencida y buscaba un nuevo chico con el que hacerse ilusiones.
Aquella en especial era una chica llamada Hanna, la cual había sido insistente durante unos cuantos días y había llegado hasta el extremo de seguirle a todas partes.
Caminamos por el parque, sabiendo que ella pasaría por allí en cualquier momento, ya que solía correr a aquellas horas. Así la había conocido Jason.
De repente él deslizó su mano en la mía y entrelazó nuestros dedos, parecía como si hubiese corriente entre nosotros y el aire se hubiera vuelto más pesado a nuestro alrededor.
Saqué un 9 en literatura, gracias a su ayuda saqué un 9, 9 en literatura, 9 en literatura...
Con ese mantra dejé que él se inclinase hacia mí y me besase, pero no pude aguantar mucho, la sensación en mi estómago cada vez iba a más y estaba empezando a preocuparme seriamente.

- Muchas gracias Lisi, eres la mejor - dijo cuando llegamos a la puerta de mi casa.
Me dió un beso en la mejilla y nos despedimos, dejándome con aquel maldito dolor de barriga.
- ¿Me puedes decir que hacías besándote con Jason en el parque?
Casi me da un infarto allí mismo. No pudo ser más grande el susto que me llevé al ver a la pelirroja saliendo encolerizada de mi salón.
- Jenn ¿q-que haces aquí? - dije nerviosa por encontrarla allí y porque supiera esa información.
- Mike os vió hoy y vine para comprobar si era verdad, que me abriese tu padre y me dijese que no estabas y al ver lo nerviosa que te has puesto puedo decir que si es cierto.
- ¿Está mi padre? - dije preocupada de que hubiese escuchado aquello.
- No, se fué hace un rato, ahora explícame que pasa entre vosotros.
Le expliqué todo, desde como nos hicimos amigos hasta el trato que teníamos, saltándome las cosas que Jason me había confiado y que no podía contarle.
- Vaya - dijo como si estuviese extasiada - ¿y después de todo eso tú no sientes nada por él?
- Sólo somos amigos.
- Eso no es una amistad normal Lis, si seguís así alguno de los dos acabará sufriendo las consecuencias.
- Sé lo que hago Jenn, sabes que a mi no me gusta ningún chico y si me gustase no sería Jason.
Después de pronunciar aquellas palabras, me di cuenta de que no era así en absoluto. Si bien era cierto que él y yo sólo éramos amigos, aquel chico me había calado en lo más hondo y aquello me aterraba.

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