(Mery)
Hoy vi a Daniel en el insti. Los rumores sobre los moratones de su cara corren desenfrenados. Ninguno de los rumores es cierto.
Al acabar el insti cojo mi habitual autobús para ir a casa de la Sra. Pardo. Camino por el pasillo de éste hasta donde está sentado Daniel. No se ha percatado de que estoy aquí. Me siento justo a su lado, como hice ayer.
Al bajar, esta vez no anda detrás de mí hacia casa de la anciana. Caminamos lado a lado, como si hubiéramos llegado a un acuerdo. Yo soy la única (además de Pedro y sus amigos matones) que sabe cómo se hizo Daniel esos moratones. La pelea de ayer me dio miedo. ¿Daniel inició la pelea porque Pedro me insultó? Independientemente de las razones que fueran, éramos nosotros contra ellos. Daniel y yo estábamos en el mismo bando y no teníamos oportunidad de ganar.
Por ello corrí a esconderme detrás de un árbol y llamé al 112, para protegerle/protegernos, porque él nunca sería capaz de ganar contra tres chicos, y Dios sabe, que mi bolso barato no aguantaría mucho más con aquellos golpes, y nunca he sido capaz de soportar una pelea, de todos modos. La pelea ha acabado, pero sus efectos posteriores no se han detenido.
Así que ahora es otro día más de trabajo, juntos en casa de la señora Pardo, pero no.
Daniel aún sigue mis condiciones: él no me habla mientras trabaja en la glorieta y yo planto más narcisos.
Me pongo a tararear canciones mientras trabajo. A veces la mujer tararea conmigo, hasta que empieza a cantar las letras de las canciones a gritos, tanto que tengo que dejar de trabajar y abrir y cerrar los ojos ante que esta señora de alta edad no le importe lo que la gente piense de ella.
Es realmente alucinante.
Cuando la Sra. Pardo está a punto de hacer su siesta diaria, entro dentro y me pongo un vaso de agua. Antes de salir de la cocina, lleno también otro para Daniel. En silencio, lo dejo en una tabla de madera, junto a él.
Una vez más dentro preparo un refresco, recuerdo que olvidé traer el plato de galletas del desván la semana pasada. Subo los dos tramos de escaleras hasta el desván y recojo el plato.
La puerta se cierra y grito. Daniel está aquí conmigo, con el vaso de agua en las manos. — ¡Dios mio!
— No voy a hacerte daño, Mery. Solo quería darte las gracias por el agua y...bueno, sé que no es fácil que trabajemos juntos, pero de verdad aprecio que aún no me hayas echado a patadas.
— No puedes salir—digo.
— ¿Por qué no?
— Porque una vez que se cierra la puerta tan solo se puede abrir desde fuera.
Daniel mira hacia el pomo y da suaves giros en él. — ¿Estás bromeando, verdad?
Sacudo la cabeza lentamente. Estoy tratando de no entrar en pánico por el hecho de estar encerrada con Daniel Oviedo en un desván. Respira, Mery. Inhala. Exhala. Inhala. Exhala.
Daniel vuelve a intentar girar la perilla. Al no conseguirlo hace una acción de girar-el-pomo-mientras-que-empuja-la-puerta. — Mierda—se gira hacia mí—. Tú y yo. En la misma habitación. Esto se supone que no debe pasar.
— Ya lo sé—digo.
— Podríamos gritar. La Sra. Pardo está durmiendo pero...
— Ella nunca nos oirá desde aquí. Su audición es nula si estás a 3 metros de distancia. Cuando se despierte lo haremos y entonces nos oirá.
— ¿Estás diciendo que estamos atrapados aquí?
Asiento con la cabeza otra vez.
— Mierda.
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Dejando Paraiso ||Completada.
Fiksi PenggemarNada ha vuelto a ser igual desde la noche en que Daniel Oviedo salió de una fiesta, se puso al volante y terminó atropellando a Mery Dail. Tras meses de dura y dolorosa rehabilitación Mery ha vuelto a caminar, pero le ha quedado una cojera de por v...
