Antes de poder entrar en mi habitación oí cómo pasaba las hojas del cuaderno.
-¿Qué es esto? ¡¿Estás investigando tú por tu cuenta sin contar con nosotros?! Abigail... -Comenzó a decir.
-Walker, déjame, ¿vale? Sé lo que estoy haciendo y dónde me estoy metiendo. No soy tonta...
Se acercó a mí y me cogió del brazo dándome una vuelta sobre los talones. Tenía una mirada seria y sus ojos echaban chispas. No me atreví a volver a alzarle la voz, me callé y dejé que me echara la bronca otra vez. Sabía que con gritos no llegaríamos a ningún lado, pero no pude soportarlo y exploté.
-¡No te comportes como la madre que ya no tengo! Tengo la edad suficiente como para hacer lo que me plazca. ¿Acaso soy yo algo para ti? ¡No soy nada! Así que déjame en paz y vete a lamerle el culo a Rebecca, no tendrás problemas con ella. No creo que te grite...
Se quedó callado mirándome fijamente, sus ojos ya no expresaban furia, expresaban ¿dolor? No creí que fuera eso. Cerró la boca lentamente y dejó las notas y la libreta encima del sofá. Se dio la vuelta y se paró en la puerta. Giró la cabeza hacia mí y, tras pasar unos segundos, habló.
-Tienes razón, ella no me da problemas. –Y cerró tras de él.
Me quedé mirando la puerta durante un largo minuto, en mi cabeza no paraba de aparecer un remordimiento que me comía la conciencia. Salí corriendo tras Walker dejándome las llaves dentro de casa. Corrí por el pasillo y bajé las escaleras tan rápido como pude. No debería estar muy lejos...
Al llegar al vestíbulo del edificio no había nadie, salí a la calle y, buscándolo con la mirada, lo divisé caminando por la acera con las manos en los bolsillos y con la vista clavada al suelo a diez metros de mí. Grité su nombre pero no pareció oírme. Lo volví a gritar más fuerte y, justo cuando se giró, una ráfaga de viento alborotó mi pelo. Nos quedamos quietos mirándonos hasta que una mujer quiso entrar a los pisos y tuve que apartarme. Caminé hacia él sin apartar la mirada.
-Lo siento –le dije mirando al suelo cuando llegué a su lado.
Me alzó la barbilla suavemente.
-Mírame a los ojos –me pidió.
Lentamente fui subiendo la mirada hasta llegar a sus labios, el corazón empezó a latirme con fuerza y quise salir corriendo de ahí. Se me hizo un nudo en la garganta y aparté la cara para que no pudiera ver cómo me brillaban los ojos a causa de las lágrimas.
-No hagas que te tenga que limpiar las lágrimas otra vez, Abigail... -Me abrazó y acarició mi cabello.
Me acomodé entre sus brazos y me apreté a él con más fuerza. Era eso lo que necesitaba en ese momento, calor humano y algo de ternura.
-No sé por qué he dicho eso antes... -Dije en un susurro cerca de su oído y su cuello.
-Yo sí lo sé –me respondió dejándome con ganas de saber lo que sabía.
Me quise separar y mirarlo a la cara para que me lo dijera, pero no quería romper el abrazo, por lo que lo dejé pasar. Nos quedamos así unos segundos hasta que hizo ademán de separarse, pero se lo impedí. Con delicadeza volvió a abrazarme y me besó en el pelo.
-Entremos a tu casa, hace frío como para que estés sin abrigo –se preocupó.
Deshice el abrazo despacio y, una vez haberlo conseguido, me quedé mirándolo a los ojos. Me sonrió dulcemente y me cogió de la mano para llevarme adentro.
Cuando estuvimos enfrente de la puerta de mi apartamento fue cuando me di cuenta de que me había dejado las llaves dentro y me volví hacia él algo avergonzada.
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En el enigma [TERMINADA]
ActionUn pasado que duele recordar, un presente agotador y asfixiante y un futuro quizás no muy largo para algunos. Si la única solución para acabar con ese sufrimiento es morir, ¿queda otra opción? Para Abigail el pasado es una profunda laguna marcada po...
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