Estudio de tatuajes

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      El chico nos había llevado hasta la puerta de emergencia del edificio sin rechistar. Aunque, a decir verdad, ninguno de nosotros habíamos hablado en todo el trayecto. Rebecca se había mantenido firme, caminando junto al chico. Walker caminaba a mi lado, pero a diferencia de Rebecca, él parecía distraído e inseguro con lo que estaba haciendo. ¿Por qué no habría querido que siguieran el plan? ¿Por qué se había negado a que me fuera con este chico si nos iban a seguir para atrapar al de las notas? Precisamente, él era el primero que querría acabar con el hombre que me estaba atormentando. Entonces, ¿por qué negarse para tardar más en que llegara el momento del encontronazo? No tenía ningún sentido. Aunque, a decir verdad, nada ya tenía sentido.

Cuando abrimos la puerta de emergencia, Rebecca y Walker se pararon y se quedaron mirando al chico.

—A partir de aquí te dejamos con ella. Nosotros os seguiremos desde otro sitio para que no nos vean, pero te aseguro, que como le pase algo a Abigail... —Rebecca lo apuntó con un dedo acusador—. Me encargaré yo misma de que la pistola que tiene tu madre en la nuca se dispare.

Tanto él como yo tragamos saliva con fuerza. Las palabras de Rebecca habían sonado duras y sin ningún tipo de compasión, cosa que me puso los pelos de punta. ¿Sería capaz de hacerlo? Obvio que sí...

Walker, antes de alejarse como lo estaba haciendo ya Rebecca, se me quedó mirando, aún inseguro de todo. Me puso una mano en el hombro e, ignorando que estuviera el chico al lado, me acarició la mejilla.

—Ten cuidado, por favor. Si te pierdo, yo... —Negó con la cabeza—. Ten cuidado, ¿vale?

No me dio tiempo a decirle que estuviera tranquilo, que no me pasaría nada, porque Rebecca ya le había gritado que se diera prisa y ya se había dado media vuelta. Miré al chico, que tenía los ojos más negros que había visto nunca, y muy a mi pesar le sonreí.

Aquella sonrisa le sirvió como aviso para que continuara el camino hacia mi muerte segura, pero no tuve miedo. Sabía que Walker no dejaría que eso ocurriera. Aunque no las tenía todas conmigo... Rebecca me había hecho dudar sobre algunos aspectos con tanta palabrería de que si las mujeres éramos como el fuego, que no se podía jugar con nosotras... Pero borré esos pensamientos de mi cabeza. Había visto los ojos de puro deseo de Walker mientras nos besábamos, cómo sus manos estaban ansiosas por tocarme, y eso no parecía en absoluto fingido. Había sido real. Lo había sido, ¿verdad?

Salimos fuera del edificio y en la primera esquina a la derecha torcimos. Había un estudio de tatuajes abandonado que daba muy mala espina, pero aún así tuve que entrar. Al abrir la puerta chirrió como si no la hubieran engrasado en décadas, décadas que habían pasado desde la última vez que se había limpiado el local. Todo estaba lleno de polvo y telarañas. Seguro que era un estudio de los años ochenta y noventa... Aún tenía colgados en las paredes montones de marcos con los diferentes dibujos que se podían grabar en la piel, y para ser sinceros, eran horribles. Normal que quebrara...

Aún así, todo esto no me lo explicaba. ¿Por qué aquí? ¿No se suponía que el radar captaba las señales cuando estaban dentro del Empire State y no fuera? La cabeza, en cuanto menos me lo esperase, me explotaría.

—Es por aquí —me avisó el chico con un tono de voz nervioso y asustado.

Lo seguí, pero antes de llegar a la puerta de enfrente, que estaba cerrada y parecía la única que estaba usada, me paré, lo que causó que él también lo hiciera.

—Si hubiera sido tú, también habría hecho cualquier cosa por salvar a mi madre.

Se quedó asombrado. Seguramente se pensaría que yo era del mismo tipo de persona que Rebecca, pero estaba equivocado. Puede que en algún momento sí lo hubiera sido, pero ahora que había perdido todo y lo único que me quedaba era mi propio cuerpo, había reflexionado suficiente como para no volver por ese camino.

En el enigma [TERMINADA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora