El encuentro

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      Estaba justo enfrente de Westminster Abbey, mirando la fachada del gran edificio. La brisa gélida me despeinaba y hacía que el cabello me golpeara en la cara. Me abroché más el abrigo y miré hacia atrás. Walker, después de tanto esperar junto a mí aquí, se fue a por un chocolate caliente, al que le obligué yo. Pero llevaba mucho tiempo ya sin volver y tuve una horrible sensación dentro de mí. Me habría caído al suelo debido al temblor de mis piernas de no haber sido porque la acera estaría más fría aún... Sentía cómo cada gota de lluvia se me calaba por la piel y se hundía en mis huesos, dejándolos helados y apunto de resquebrajarse. Pero ahora no podía quejarme siquiera. Precisamente en este justo momento no. Noté cómo me clavaban la mirada en la nuca y volví a girarme para ver quién me estaba observando, pero no había rastro de nadie sospechoso.

Las notas decían el nombre de donde estaría Mason, pero... ¿cómo iba a saber él a la hora a la que vendría? Eran las nueve de la noche y las farolas de las calles llevaban ya un rato luciendo. Los turistas habían desaparecido y solo quedaba algún que otro londinense merodeando. La fachada de Westminster Abbey estaba totalmente iluminada y se veía preciosa, como cada vez que veníamos a pasear mi madre y yo por aquí... Sentí una opresión en el pecho y me llevé la mano al corazón.

Mamá...

Me toqué con la punta de los dedos helados el camafeo y sentí su calidez, a pesar de lo frío que estaba. Miré la hora que era otra vez, ya nerviosa por Walker, pero este seguía sin aparecer. Me empecé a preocupar, pero no me dio tiempo a hacer nada más, pues el corazón casi se me sale del pecho cuando vi aquellos ojos grisáceos mirándome desde lo lejos.

Era él. Era Mason.

Sentí miedo y se me paralizó el cuerpo cuando empezó a caminar acercándose cada vez más a mí. Al principio solo pude distinguir sus ojos y su pelo castaño, pero, cuanto más se iba acercando, más me fijaba en otros rasgos. Tenía unos pómulos muy marcados y era algo más bajo que Walker. Llevaba puesto un abrigo negro de caballero que le llegaba hasta las rodillas y se le pudo asomar un poco la corbata por la apertura. Era igual que en mis recuerdos, bastante apuesto y refinado, pero eso no le quitaba que fuera un asesino.

Aun así, mi corazón parecía seguir sintiendo algo por aquel individuo, algo remoto y ahora desconocido para mí. Me empezaron a subir las pulsaciones y sentí que me iba a desparramar en el suelo justo en ese mismo instante. Mason estaba sonriendo mientras se acercaba a mí...

Di un paso hacia atrás. No podía estar sonriendo como lo estaba haciendo, no después de lo que me había hecho... Su sonrisa se fue ensanchando mediante se iba acercando. Y era una sonrisa de felicidad absoluta, no de diversión.

Cuando tan solo le quedaban cinco metros para estar junto a mí, trotó para alcanzarme cuanto antes.

—Aby... —Fue a tocarme y yo me eché para atrás con verdadero espanto. ¿Por qué no era capaz de abalanzarme sobre él y matarlo ahí mismo? ¡Había matado a mi familia! ¡Me había estado torturando! Pero mi cuerpo seguía inmóvil.

Deseé con todas mis fuerzas que apareciera Walker, pero me dio la sensación de que no lo volvería a ver... Y eso me rompió el corazón en mil pedazos.

—Has recibido todas las cartas, por lo que veo... —Volvió a intentar acercarse a mí, sonriente, y tocarme, pero mi cuerpo lo repeló y trastabilló hacia atrás. Mason alargó el brazo para que no me cayera y me cogió del antebrazo, pero me solté de él con brusquedad. Frunció el ceño —. ¿Qué te pasa?

Su acento británico me era tan familiar... Pero lo seguía despreciando. ¿Cómo podía actuar como si nada? Una de las cosas que más me extrañaron fue su forma de hablar; cuando habíamos estado en la fiesta de máscaras y me habían hecho la cicatriz que tenía ahora en la clavícula, el hombre que me lo había hecho no había hablado así, había sido con otro acento diferente, más del Este de Europa.

En el enigma [TERMINADA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora