Objetivo fallido

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Nada más enterarnos de la muerte de Paul nos cambiamos de ropa, yo con mis típicos pantalones negros y mi camiseta de tirantes con una chaqueta negra y Walker con la ropa con la que había venido anoche, ya seca. Cogimos los abrigos y nos fuimos directos al Empire State. Cuando subimos a la planta del Clan, nos encontramos con un Alan destrozado y con Ethan y Caroline al lado, calmándole el dolor de alguna forma. Perder a un hermano no era fácil, de eso yo sabía un rato, así que entendía perfectamente a Alan... Me acerqué a él y le puse una mano en el hombro.

Estaba sentado en el sofá rojo, por lo que me tuve que agachar y poner de cuclillas para poder mirarlo a los ojos. Los tenía rojos de haber estado llorando, cosa que me dolió ver.

—Lo siento mucho, Alan...

Afirmó con desgana con la cabeza y trató de secarse las lágrimas que le recorrían en ese momento los carrillos. Nunca lo había visto llorando; siempre había sido un chico alegre y sonriente para todo el mundo. Pero ya no tenía a su hermano, al hermano que tuvo desde el primer momento que nació, del que nunca se había separado jamás y con el que más cosas había vivido.

Rebecca se acercó unos minutos después y se sentó en el brazo del sofá. Le acarició la cabeza a Alan y le dijo algo al oído que no pude oír. Al momento, Alan lloró con más fuerza y ella se levantó arrogante y se alejó, arrastrando a Walker con ella. No pude evitar mirar y poner la oreja para ver de qué hablaban, pero me bastó con que Rebecca se acercara a él tanto como para retirar la vista rápidamente. No quería torturarme mirando cómo coqueteaba con Walker.

—Te juro que cuando encontremos al tío de las notas, porque lo encontraremos, dejaremos que te desahogues con él —le dijo Caroline a Alan—. Es imperdonable lo que le ha hecho a tu hermano. Una cosa son notitas estúpidas y otra muy distinta ir matando a gente inocente.

Caroline era una persona muy cariñosa y sensible, por lo que le afectaba bastante que alguien estuviera triste. Lo mejor de ella era que sabía cómo hacer que una persona se sintiera mejor, sabía qué palabras debía usar y cuándo, cosa que no todo el mundo podía hacer. Yo, de hecho, no era nada buena consolando.

De pronto, empezó a sonar una alarma en toda la planta que emitía un pitido muy desagradable y una luz roja parpadeante. Todos en la sala nos quedamos mirando hacia todos lados para saber de dónde venía aquel ruido, pero no lo supimos hasta que Jefe no salió de su despacho con dos chicas más jóvenes que yo vestidas totalmente equipadas y nos señaló hacia un punto en el techo.

Todos miramos y vimos un panel que tenía una luz roja muy potente. Jefe puso su mano en una pantallita táctil que había en la pared y la alarma dejó de sonar. Empezó a teclear algo mientras que las otras dos chicas iban diciéndoles a los grupos de luchadores lo que estaba ocurriendo. Una de ellas se acercó a nosotros y empezó a contárnoslo con un poco de preocupación en la voz.

—Anoche descubrimos una señal del teléfono del señor de las notas y decidimos rastrearla. Así que hemos puesto una alarma conectada con ella para que emitiera un ruido cuando se encontrara cerca de nuestra zona. Ya sabéis, para proteger que no se acerque a la planta noventa y ocho. Por eso de que sabía dónde nos escondíamos. —Aceptamos con la cabeza los cuatro a la vez y la chica cogió aire para proseguir—. Bueno, pues coged vuestras armas, porque el hombre ha aparecido en el radar como de la nada.

Nos miramos de forma fugaz y nos levantamos para ir a la sala de armas. Una vez que todo el mundo tenía algo con lo que defenderse, salimos del salón y nos desperdigamos por todo el edificio. Esto de que fuera tan grande era peligroso, el tal Mason se podría esconder en cualquier rincón.

Nos separaron por grupos. A mí me tocó con los de siempre: Caroline, Ethan, Walker, Rebecca y Alan, pero faltaba alguien. Se notaba la ausencia de Paul y todos lo sabíamos. Jefe empezó a dar órdenes y nos fue dirigiendo. Mandó a algunos que bajaran a las plantas de más abajo, otros que salieran del edificio y peinaran la zona y a otros los terminó de expandir por la edificación. A nosotros nos dijo que subiéramos a la azotea, porque si había alguna complicación, sería la mejor forma de salir de allí y alejarme del peligro.

En el enigma [TERMINADA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora