Ya empezaba a asomarse el amanecer y yo seguía buscándolo. Probé con siete hospitales de la zona, pero no conseguí encontrarlo. Al final, cuando ya no podía más, probé con un último. La recepcionista me volvió a preguntar el nombre de Walker y se lo repetí:
-Walker, Walker Harries. –Le dije con tono cansado.
-¿Segundo nombre?
-No lo sé. –Y realmente no lo sabía, nunca le había preguntado por su segundo nombre.
Estuvo buscando en el ordenador un par de minutos hasta que logró encontrarlo.
-Tercera planta, habitación 56. Pero creo que no están disponibles las visitas.
Le di las gracias y pasé del último comentario. Había estado toda la noche buscándolo y no me iban a impedir ahora que lo viera.
Logré subir hasta la tercera planta por las escaleras, pues el ascensor estaba roto (¡qué suerte la mía!), y, con la respiración agitada y con las piernas temblorosas, encontré la habitación. Llamé a la puerta con las pocas fuerzas que me quedaban, pero un enfermero se acercó a mí y me dijo que no podía entrar.
-¡Por favor! Llevo toda la noche buscándolo. –Le pedí casi en sollozos.
El enfermero me miró de arriba abajo y me pidió que me fuera a descansar, que tenía la piel pálida. Suspiré irritada y me di la vuelta por donde había venido.
Por el pasillo me encontré a una anciana que andaba muy despacio y la paré para que hablara conmigo.
-Perdona, necesito su ayuda.
Me miró con el rostro lleno de arrugas y me sonrió al verme. Habría sido una mujer bastante imponente y hermosa haría unos treinta años.
-Dime, preciosa.
-¿Podría hacerse la enferma para llamar la atención de aquel enfermero? –Le pedí señalando al que me había pedido que me fuera a descansar.
Me guiñó un ojo y empezó a toser de forma exagerada.
-¡Enfermero! ¿Y mis pastillas? ¿Es que quieres deshacerte de mí? Soy mayor, pero no estúpida. ¿Dónde están mis pastillas para la tos? ¡Quiero mis pastillas!
Aguanté la risa disimuladamente y le di las gracias en un susurro al ver que el enfermero se daba la vuelta y corría hacia la señora.
-Claro que no, señora Bridget.
Dejé al enfermero y a la anciana en el pasillo y entré con sumo cuidado a la habitación cincuenta y seis. Cuando me di la vuelta se me paró el corazón.
Allí estaba él, en la camilla conectado a una máquina. El monitor cardiaco iba regular y constante, lo que me relajó. Me acerqué despacio a la camilla y lo observé tras una capa de lágrimas.
-Todo lo que te ha pasado ha sido por mi culpa, Walker. Espero que puedas perdonarme algún día. –Dije en voz alta aun sabiendo que no me oía.
Le cogí de la mano y me impactó notarlo tan frío. Aquellos dedos me habían rozado con cariño horas atrás, aquellos ojos me habían mirado con deseo y me habían desnudado con la mirada en tan solo segundos y yo lo había rechazado. Me había negado a él, a él y a mí misma. Lo había hecho sufrir de forma inconsciente y no me perdonaría nunca por ello.
Me senté a su lado y le acaricié la mejilla. Parecía tan tranquilo sumergido en aquel sueño... Me acordé del momento en que lo encontré dormido en mi sofá del apartamento el día que le había mentido diciendo que iría a recoger un libro y no me creyó. Sonreí ante aquel recuerdo.
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En el enigma [TERMINADA]
ActionUn pasado que duele recordar, un presente agotador y asfixiante y un futuro quizás no muy largo para algunos. Si la única solución para acabar con ese sufrimiento es morir, ¿queda otra opción? Para Abigail el pasado es una profunda laguna marcada po...
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