Walker me miró con confusión. No, no era confusión... Era ¿miedo? No era miedo por mí ni nada por el estilo, parecía más como si estuviera inseguro de qué decir, como si sus palabras las tuviera que pensar, reflexionar y adaptar antes de que salieran por su boca. Eso me dio mala espina; ¿por qué tener que hacer todo ese proceso antes de hablar conmigo? ¿Tan espinoso era lo que me escondía que temía que se le escapara algo que no debía?
Me crucé de brazos y esperé una respuesta por su parte, pero solo consiguió abrir la boca y volverla a cerrar sin soltar vocablo alguno. Eso me irritó más de lo normal y no pude contener el bufido de indignación que tenía aguantando en la garganta desde que había entrado por la puerta.
Lo cogí del brazo y lo llevé conmigo a una distancia considerable de los otros dos pares de ojos que había en mi salón. Lo coloqué enfrente de mí para que no se le desviara la vista hacia ningún otro lado que no fuera mi cara y me volví a cruzar de brazos para aparentar la dureza y la estabilidad que, claramente, había perdido y ya no me quedaba.
—No me hagas que te lo tenga que volver a preguntar, por favor.
—No te puedo decir nada, Abigail, ya te lo he dicho. —Su voz pareció sonar a modo de súplica, como si quisiera que dejáramos el tema de una vez. Pero yo no podía, necesitaba respuestas, y en ese momento pensé que tan solo él me las podía proporcionar.
—¿Por qué? ¿Por qué no puedes contarme las cosas? —le pregunté con furor—. Sabes que mi vida es un enigma, que mi cabeza está llena de cuestiones cada vez más complicadas de resolver. Y tú... tú que tienes las respuestas ¿no me las das?
Se mantuvo firme; mis palabras no parecieron hacerle cambiar de idea, pero lo que le dije a continuación le hizo cambiar de cara:
—Si tanto te importo podrías ayudarme un poco y no quedarte callado sin darme siquiera una mísera pista.
En su rostro pude observar derrota. Una derrota causada por tanto insistir en algo que no iba a poder sacar a la luz. Para disimular, me cogió de los codos y se acercó un paso a mí. Su voz sonó en un susurro:
—Me importas, Abigail. Muchísimo. Pero no puedo, lo siento... Y no insistas más, porque cada vez que me miras de esa forma me rompes por dentro.
—¡Que te rompo por dentro! —grité, sarcástica—. ¡Oh, vamos! Por favor, Walker, déjate de gilipolleces. No te importo una mierda. Estás jugando conmigo. Pero te digo una cosa, ¿quieres jugar? Pues a mí no me van los juegos. Así que ya puedes desaparecer de mi vida por el mismo lugar por donde entraste. —Tenía un nudo en la garganta, pero lo traté de ocultar enfadándome más de lo que ya estaba—. Si vas a venir aquí para impedir que me entere de la verdad... no quiero volver a verte.
Frunció el ceño y empezó a negar repetitivamente con la cabeza. Me cogió de los hombros pero le retiré las manos en cuanto tocó mi piel y sentí cómo algo dentro de mí se rompía.
—Estás sacando las cosas de su sitio. No es lo que te piensas. No estoy jugando contigo, Abigail.
—Pues a mí me parece que sí. —Me di la vuelta para darle la espalda, pero no pareció darse por vencido y me hizo girar sobre mis talones. Me agarró de un hombro con fuerza.
—Por favor, Abigail. Créeme cuando te digo que no puedo decírtelo. ¡Me encantaría, pero no puedo!
—¡¿Por qué?! —volví a gritar, esta vez con los ojos más húmedos que antes.
Las lágrimas no consiguieron salir, pero no porque no quisieran, sino porque las tenía retenidas. Pero en cuanto vi que Walker se volvía a quedar sin decir nada y cabizbajo, no las pude aguantar más y corrieron por mis mejillas sin frenarse.
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En el enigma [TERMINADA]
ActionUn pasado que duele recordar, un presente agotador y asfixiante y un futuro quizás no muy largo para algunos. Si la única solución para acabar con ese sufrimiento es morir, ¿queda otra opción? Para Abigail el pasado es una profunda laguna marcada po...
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