Una vez preparados todos los ingredientes para la masa de la galleta, Caroline se puso un delantal que tenía por ahí guardado y yo me cambié de ropa. Me puse algo cómodo y que se pudiera manchar por si acaso. La cocina no era mi especialidad, pero para eso estaba Caroline, para —aparte de para hacer la mayoría de la receta— ayudarme.
—¡Te habrás lavado las manos...! —Se rió.
—Obvio. –Respondí poniendo los ojos en blanco y sonriendo.
—¡Pues manos a la obra! —Chilló emocionada.
Empezó a echar los ingredientes en un cuenco grande de cristal y yo fui removiendo. Para eso, al menos, sí servía.
—¿Me pasas la harina? —Pidió.
Se la acerqué y la intentó abrir.
—Esto no cede. —Dijo ahogada poniendo todas sus fuerzas para poder abrir la bolsita.
Me reí de ella.
—Anda, déjame que la abra.
—No, no voy a dejar que me gane un saquito de harina y pierda mi dignidad.
Me volví a reír y cuando abrí los ojos todo lo que veía era polvo blanco.
—¡Ostras! —Se rió.
—¡Caroline! —Grité.
Se partió de risa y se tiró al suelo, ahora cubierto de harina. Empezó a llorar de la risa y me contagió su alegría. Me empecé a reír a carcajadas y, del dolor de barriga, me tiré al suelo yo también.
—¡Ay, ay! ¡No puedo! —Siguió riendo.
—Eres un espécimen en extinción, Caroline...
—¿Qué me has dicho? —Se hizo la enfadada, cogió un puñado de harina del suelo y me la tiró a la cara.
Abrí la boca por la sorpresa y, a carcajadas, cogí yo también un puñado y se lo tiré. Cuando nos quisimos dar cuenta estábamos ambas cubiertas de harina y con el pelo blanco. Nos reímos al vernos y nos conseguimos levantar apoyándonos a la isleta de la cocina. De pronto, alguien llamó a la puerta. Caroline salió corriendo a ver quién era por la mirilla y, con una sonrisa pícara, abrió rápidamente.
—¡Hola, Walker! ¿Y tu acompañante?
Al oír su nombre me sacudí un poco la harina de la sudadera y de la cara, pero era imposible... Me acerqué a la puerta y vi a un Walker con las orejas y la nariz rojas del frío. Me miró y empezaron a removerse las mariposas de mi estómago.
—¿Se puede saber por qué parecéis croquetas humanas? —Preguntó mirándonos con el ceño fruncido a ambas.
Caroline se rió.
—Pues... ¿Feliz Halloween?
Walker soltó una pequeña carcajada y se volvió para mirarme a mí. Única y exclusivamente a mí.
—Te favorece mucho el color blanco. —Bromeó.
Puse los ojos en blanco, pero de mi interior quería salir una sonrisa. Si seguía mirándome no me podría controlar. Así que miré hacia otro lado.
—Bueno, eh, yo... Yo voy a ir al baño —dijo Caroline separándose de la puerta—, os dejo que habléis.
Y así fue como me dejó gritando en mi interior que no lo hiciese. No podía enfrentarme yo sola a Walker, caería en sus brazos, en sus delicados dedos, sus preciosos ojos verdes, en su perfecta imperfección de ser exactamente mi debilidad.
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En el enigma [TERMINADA]
AzioneUn pasado que duele recordar, un presente agotador y asfixiante y un futuro quizás no muy largo para algunos. Si la única solución para acabar con ese sufrimiento es morir, ¿queda otra opción? Para Abigail el pasado es una profunda laguna marcada po...
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