De vuelta a casa

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     El cielo estaba totalmente grisáceo, varias nubes enormes vestidas de blanco embutían Londres en ese mismo momento. El olor a lluvia envolvía el ambiente y el aire gélido abanicaba el cabello de todos los londinenses y extranjeros que había repartidos por todo el casco antiguo de la ciudad. Los famosos autobuses rojos de dos plantas eran conducidos por las calles y aparecían sin parar, uno detrás de otro, algunos más llenos y otros más vacíos. La gente iba abrigada hasta las orejas, con anchos ropajes y abundantes fundas de piel, con bufandas atadas entorno al cuello y gorros de lana calentando las orejas.

Como hacía mucho tiempo atrás.

Una ola de nostalgia se acurrucó en mis huesos, a la vez que estos temblaban de frío, y sentí la bilis en la garganta. Walker se acercó a mí y me rodeó por los hombros con un brazo, arrimándome más a su cálido cuerpo.

—Te quiero —fueron sus primeras palabras desde que el avión había aterrizado en este otro continente.

Me giré hacia él y lo abracé con suavidad, metiendo mis manos por dentro de su abrigo para calentarlas. Le besé el pecho y cuando me separé de él, mis manos se aferraron a las suyas, guiándolo por la acera. Se quedó embobado con las famosas cabinas telefónicas de color rojo y sonreí para mis adentros. Estaba atento a cada detalle de la ciudad, como si nunca hubiera visto algo igual de hermoso. Sus ojos bailaban por los antiguos edificios, miraba hacia atrás, para los lados, por todas partes por si veía el Big Ben o la noria del London Eye, pero le tuve que explicar que eso estaba al otro lado. Pareció defraudado, pero se le pasó pronto cuando le dije que lo llevaría algún día a visitarlo. Si sobrevivíamos para entonces... Pero eso último no lo dije en voz alta.

Caminamos unas cuantas calles más, pero cuando llegamos a la zona por donde estaba mi barrio, disminuí el paso. Los antiguos establecimientos donde solíamos desayunar, ir a ver películas, comprar comida, jugar con otros niños; todo, me parecía tan recóndito en mi mente y tan lejano... Casi me tropiezo cuando vi el parque donde solíamos ir Violet y yo hacía muchos años para jugar con nuestros amigos del colegio, pero me pareció tan frío ahora, sin mi hermana... Walker me observaba de reojo con una expresión preocupada y algo asustada, pero yo le sonreía y él parecía captar que no quería se preocupara por mí.

Torcimos una esquina y di un traspié cuando observé mi casa desde allí. Walker me cogió del codo.

—Cuidado.

—Walker, no estoy segura de que pueda hacerlo... No... No creo que...

Me cogió el rostro entre sus manos y me besó la punta de la nariz.

—Sí puedes. Eres más fuerte de lo que crees. Mira hasta dónde hemos llegado, Abigail. Estás a unos cuantos pasos de saber parte de la verdad, no te eches para atrás ahora. Yo estaré aquí, ¿vale? Si necesitas apartar la vista durante un momento, dímelo. Pero sé que puedes con esto, aunque no sea nada fácil.

Afirmé con la cabeza y le apreté más la mano. Para cuando llegamos a la puerta, mi corazón me latía con demasiada fuerza, la angustia había aumentado y los ojos se me estaban humedeciendo. El jardín delantero estaba descuidado y lleno de malas hierbas; algunos cables de la luz se habían descolgado y pendían por la fachada a una altura considerablemente peligrosa; los cristales de las ventanas no parecían estar sucios, como si los hubieran limpiado desde hacía poco, pero aun así parecían descuidados...

Subí los primeros peldaños de la escalera de la entrada y alcé la mano para tocar el pomo, pero mi cuerpo se paralizó con una breve visión de antiguos recuerdos.

Aparecía un chico, el mismo que había salido en el recuerdo del puente, que me acababa de contar algo que me hacía mucha gracia y nos estábamos riendo como tontos enamorados delante de la puerta de mi casa. El chico me puso un dedo en los labios y mandándome callar en susurros a la vez que se reía él más fuerte sobre mi hombro. Cuando nos tranquilizamos, aún con sonrisas en la cara, nos quedamos mirándonos y su mano agarró uno de los mechones de mi pelo, se lo pasó entre los dedos haciendo un tirabuzón y me lo colocó por detrás de la oreja. Me acerqué a sus labios, con suavidad, y lo cogí de la barbilla con una mano para acercar su cara a la mía. Y justo cuando nuestros labios se iban a juntar, el recuerdo se desvaneció y oí cómo Walker me decía que podía hacerlo.

En el enigma [TERMINADA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora