Detuve el coche delante de la puerta del hospital. Entré en el hospital, todo parecía estar muy tranquilo. Cogí el ascensor hasta el piso de la habitación de Dean. Crucé el pasillo lleno de enfermeras que me apuñalaban con sus miradas y entré en su habitación. Dean estaba viendo la tele desde la cama. Piqué a la puerta para que me prestase atención.
- Tú debes de ser Emily -dijo Dean con una gran sonrisa.
- Sí, y tú eres Dean -saqué la ropa de la bolsa- Toma, la ropa que me pediste.
- Gracias -Dean se levantó y cogió la ropa- No es que no me guste que las chicas guapas me miren, ¿pero podrías darte media vuelta.
- Claro.
Me di media vuelta y me crucé de brazos.
- Y, bueno, ¿de qué conoces a mi hermano?
- Le derramé chocolate por encima una vez en el hospital.
- ¿Qué te hizo?
- Nada, me choqué con él.
- Ya puedes girarte -me giré. Con esa ropa estaba mucho mejor- No me lo digas, así estoy más guapo, ¿a qué sí?
- Creo que tú solo ya alimentas suficientemente a tu ego.
Dean me guiñó un ojo.
- ¿Cómo fue lo de mi hermano?
- Sam se tiró contra Azazel, creía que lo tenía, pero no era así, unos demonios vinieron por detrás mía y me cogieron, Azazel amenazó a Sam con matarme si no hacía lo que él decía.
- Hijo de puta...
- ¿Cómo lo vamos a encontrar?
- Tengo una idea, pero primero tenemos que salir de aquí.
Dean caminó hacia la puerta, pero el doctor le bloqueó el paso.
- ¿A dónde va, señor Winchester? -preguntó.
- Ah, bueno, es que ya me encuentro mucho mejor, así que me doy el alta voluntaria.
Dean intentó pasar por su lado, pero el doctor le empujó hacia atrás sin ningún tipo de cuidado.
- Tú no vas a ninguna parte.
Sus ojos se volvieron negros y le pegó una patada a Dean. Cogí el mando de la televisión y se lo lancé a la cabeza, él ni se inmutó.
- ¡Saca tu arma! -me gritó Dean.
- ¡No llevo ninguna arma!
Dean se levantó y empezó a pegarse con el doctor. Por la puerta entraron dos enfermeras de ojos negros, debes de estar de coña. Una de las enfermeras me pegó un puñetazo y caí encima de la cama, ambas vinieron con jeringuillas en mano, me levanté y evadí su intento de apuñalamiento. Retrocedí hacia atrás y choqué contra la espalda de Dean.
- ¿Qué clase de cazadora no lleva un arma encima?
- No soy cazadora.
- Tenemos que salir de aquí.
Una enfermera intentó atacarme y yo la eché hacia atrás de una patada.
- ¡No me había dado cuenta!
- ¿Siempre eres así de agresiva!
El doctor cogió a Dean de la camisa, pero él le pegó una patada en el estómago y luego le tiró al suelo de una patada. Cogí la silla de las visitas y se la rompí en la cabeza a una de las enfermeras, la otra se avalanzó sobre mí, Dean vino por detrás y la dejó inconsciente con el gotero. Me saqué a la enfermera de encima y Dean me ofreció la mano, yo acepté y me ayudó a levantarme.
- Vámonos antes de que se despierten.
Salimos del hospital a la carrera.
- Ha estado cerca.
- ¿Sam no te había puesto una escolta?
- ¿Aquellos cazadores? Les dije que se fuesen, ya estaba perfecto.
- Pues no debiste hacerlo, nos hubiesen venido muy bien.
Dean se adelantó a mí e inspeccionó de lado a lado el impala.
- Has tenido suerte de no rayarlo.
- ¿En serio es lo qué te preocupa?
- Ahora mismo sí.
- Te recuerdo que tu hermano está secuestrado por un demonio que pretende convertirlo en el jefe de un ejército.
- Demasiadas emociones, no puedo acordarme de todo.
- ¿Cómo lo vamos a encontrar?
- Muy fácil, tenemos que recurrir a una adivina.
- ¿No eran un timo?
- Casi todas, pero hay algunas fiables.
- ¿Estás seguro de qué sabrá dónde está Sam?
- Sí, tu métete en el coche.
****
Dean condujo hasta una montaña en la que había varias tiendas de campaña con gente.
- ¿Aquí está la adivina? -pregunté incrédula.
- No todas viven en la ciudad, algunas se dedican exclusivamente a mantener a salvo a su gente.
- ¿Crees que nos querrá hacer caso?
- Sí, me verá la cara y nos dará todo lo que queramos.
- En coma estabas mejor.
- ¡Eh!
Atravesamos el poblado campamento este mientras sus habitantes nos seguían con la mirada.
- No parecemos muy bienvenidos -le susurré a Dean.
- Tú camina.
Entramos en la cabaña. Una anciana estaba sentada en el suelo con una pequeña fogata delante.
- ¿A qué habéis venido, forasteros? -preguntó la anciana.
- ¿Si es adivina no se supone que debería de saberlo?
- Calla, niña -la anciana miró a Dean- Habla.
- Necesitamos saber dónde está mi hermano.
- Siento decirte que tu hermano es el menor de tus problemas.
- ¿Qué?
- Ella viene, y cuando regrese, todo estará perdido.
- ¿De qué habla?
- Ni lo sé ni me importa. ¿Dónde está mi hermano?
La señora resopló.
- Pensylvania. Sigue las señales demoníacas.
Dean se dio la vuelta listo para irse.
- ¿Quién es ella? -pregunté.
- Eso da igual, vámonos, Emily, mi hermano nos necesita.
- Todo a su tiempo, jovencita -la señora tiró una rama dentro de la hoguera- Por ahora, intenta mantenerte con vida.
La miré extrañada. Dean me cogió del brazo y me sacó de allí.
- Deberíamos de habernos quedado a escuchar.
- Y lo hicimos, a ella le vale con que sigas viva.
- Pero no sabemos quién es "ella".
- También la oíste a eso: todo a su tiempo.
- No me fío.
- Primero centremonos en salvar a Sam, y si nos sobra tiempo investigamos a ver quien es "ella".
- Como quieras.
