Entré en el motel de la dirección. Volví a mirar el papel, habitación 378. Una vez estaba situada delante de la puerta, saqué dos ganzúas y traté de abrirla sin resultado, que mal se me dan estas cosas. Abrí la puerta de una patada e inspeccioné el sitio. Todo parecía estar en orden, pero ni rastro del demonio. Me giré y la vi, la misma chica que había estado la noche anterior con Sam.
- ¿Eres un demonio?
La chica no se lo debió pensar dos veces y me pegó una patada, caí de espaldas a la cama, la morena sacó un cuchillo e intentó clavármelo, pero rodé hasta los pies de la cama, donde por fin me levanté y saqué la daga.
- ¿Cómo me has encontrado? -preguntó.
- Yo no lo hice, fue un... ¿amigo?
La chica me pegó un puñetazo y retrocedí contra la mesa, ella trató de darme un segundo golpe, pero me cubrí con el antebrazo y le pegué una patada en el estómago. Mientras ella se recomponía, me subí a la mesa y salté encima suya haciendo que ambas cayésemos al suelo, utilizando su superfuerza de demonio, me lanzó contra la mesa y ésta se rompió. El demonio se acercó con el cuchillo, solté la daga durante la caída, así que cogí la pata de la mesa y se la partí en la cara. Ella retrocedió con las manos en la cara. Me levanté y le pegué una patada haciendo que cayese al suelo. Localicé la daga con la mirada y fui a cogerla, corrí hasta la chica que seguía tirada en el suelo, me dispuse a apuñalarla, pero unas grandes manos oprimieron mis muñecas con mucha fuerza e hicieron que fuese hacia atrás.
- Ya está, Emily -trató de calmarme al que ya tenía identificado como Sam- Ya ha pasado.
- ¡Suéltame! -intenté zafarme de su agarre, pero fue imposible.
La chica se levantó con los ojos completamente negros y se acercó con furia hacia mí, Sam soltó la muñeca en la que no tenía la daga y detuvo al demonio.
- No, Ruby. No lo hagas.
- ¿Se puede saber cuál es tu problema conmigo? -me preguntó Ruby.
- Bueno, empezando por el tema de que eres un demonio y acabando en que le has hecho algo Sam.
- ¡Yo no le he hecho nada!
- ¿De verdad? Pues creo que exorcizar demonios con la mente no es exactamente algo normal.
- ¿Cómo sabes eso? -preguntó esta vez Sam.
- ¿Sorprendido? -Sam me soltó y me miró los ojos.
- Puedo explicartelo.
- ¿Cuánto tiempo llevas haciendo eso?
- Un par de días después de que me rescataseis de las garras de Azazel.
- ¿Cómo lo haces?
- Emily...
- ¿Cómo, Sam? Es lo único que te estoy preguntando.
- Es... complicado.
- ¿De verdad? Pues la mala ostia me da mucha inteligencia.
- Tengo poderes.
- Desde pequeño -completó Ruby.
- ¿Dean sabe algo de esto?
- Por supuesto que no.
- ¿Por qué no me contaste esto antes?
- No vi el momento.
- ¿Y la parte mala?
- ¿De qué hablas?
- Oh, venga, estás con un jodido demonio, tiene que haber alguna trampa o algo oscuro o algo así.
