Giré por la cama sin encontrar el cuerpo de Sam en mi camino. Me levanté y busqué a Sam con la mirada por la habitación, pero no le vi. Supongo que se habrá ido. Me quité mi "pijama" y me puse ropa de salir a la calle. Entonces, Sam salió de la ducha con una toalla en la cintura y se acercó a besarme.
- ¿Otra vez este sueño? ¡Estoy enferma! -lo pensé dos veces- O quizá solo estoy salida y necesitada.
- ¿De qué hablas? -preguntó Sam.
- Nada, yo me entiendo, tú sigue besándome.
Sam sonrió y me besó mientras me hacía retroceder contra la pared. Al cabo de unos minutos Sam se separó de mí.
- Me cuesta no querer hacerte más cosas -me susurró al oído.
- Lo sé, me encanta hacerme la difícil -picaron a la puerta- ¿Quién es? -grité.
- Soy Dean -me separé de Sam y abrí la puerta- ¿Vienes a desayunar?
- Claro, espera a que Sam se vista.
- ¿Cómo que se vista? -Sam apareció a mi lado únicamente con la toalla- Oh, que se vista -repitió Dean.
- ¿Qué ocurre? -preguntó Sam.
- Dean vino a preguntar si vamos a desayunar, vístete y nos vemos abajo.
- ¿Me vas a dejar solo?
- Sí -cerré la puerta tras de mí y echamos a caminar- De acuerdo, ¿de qué quieres hablar?
Bajamos las escaleras y salimos del motel hacia el bar.
- ¿De qué hablas?
- Quieres hablar de algo, dispara.
- ¿Cómo le has perdonado?
- Bueno, yo le quiero -miré a Dean- Y tú también, de diferente manera pero le quieres, no sé tú, pero yo lo pensé y decidí que un demonio no me iba a joder. Además, ninguno de los dos nos fiamos de Ruby, y cuando vaya a hacer lo que tiene planeado, estaremos allí para volarle la cabeza.
Entramos en el bar y nos sentamos en la primera mesa que vimos libre.
- Yo quiero matarla ahora, no esperar a que nos haga algo.
- Yo también quiero hacerlo, pero sería buscar problemas con Sam, así que lo mejor es vigilar cada movimiento que haga y cuando traté de matarnos y Sam abra los ojos...
- La matamos -completó Dean.
- Exacto.
- Espero no tener que esperar mucho.
- Lo mismo pienso yo, mi paciencia es nula.
La camarera se acercó con la libretita y el bolígrafo.
- ¿Qué os sirvo?
- A mí ponme un chocolate bien cargado de azúcar y... un trozo de bizcocho.
La chica lo apuntó y miró a Dean esperando que le dijese algo.
- Café, beicon y un trozo de tarta.
- Enseguida.
Acto seguido la chica se fue y Dean le miraba el culo. Chasqueé los dedos delante de él y me miró
- Me parece bien que te fijes en chicas, pero podrías tratar de no parecer un depravado sexual e intentar mirarle el culo con algo de disimulo.
- Estoy perdiendo facultades.
Me reí.
- ¿Tenemos algún caso?
- No, todo está muy tranquilo últimamente.
