Me terminé el chocolate y tiré el vaso de plástico en la papelera. Sam se sentó a mi lado.
- ¿No desayunas?
- No, el tiro de ayer me ha quitado el hambre.
- Oye, Sam -él me miró- Una vez mates a Azazel, ¿qué vas a hacer?
Él resopló y se quedó pensativo.
- Sinceramente no lo sé, al principio lo tenía claro, iba a volver a la universidad y seguir con la vida que escogí, pero ahora... todo es más complicado.
- ¿Por qué? ¿Tienes miedo de dejar a tu hermano solo?
- Un poco. Es la familia que me queda, y no quiero que le maten.
Le acaricié la mano.
- Todo saldrá bien. Mataremos a ese demonio, y luego tú, elegirás qué hacer.
- Pero hasta entonces... -Sam sacó un periódico- Un posible caso.
- ¿De qué trata?
- Cuatro muertes en dos semanas.
Cogí el periódico y miré los asesinatos. Todos eran diferentes.
- No parece haber un patrón, ¿cómo sabes qué es un caso?
- Por eso justo, la inexistencia de un patrón y la forma de las muertes, indica que podría ser una bruja usando magia negra.
- O un asesino poco profesional.
- También, pero me gusta más mi idea. Haz las maletas, nos vamos.
****
- Bueno, ¿por dónde empezamos?
- Por la casa del asesinado más reciente.
Sam dobló la esquina con el coche y se detuvo delante de una casa.
- No parece haber nadie.
Cerré la puerta del coche y avancé hacia la casa.
- Lo sé. Su mujer ha salido.
- ¿No vamos a interrogarla?
- No, venimos a buscar otra cosa.
- ¿El qué?
- Una bolsita de magia negra.
- ¿Y cómo son?
- Son bolsitas... pequeñas... casi siempre marrones... ¿Sabes qué? Tú busca, y si encuentras algo sospechoso, ábrelo.
- Como quieras.
- Vigila que no me vean.
Sam se agachó y metió dos ganzúas en la cerradura. Empecé a mirar a todas partes. La calle estaba vacía. Oí la puerta abrirse detrás mía. Caminé hacia atrás rápidamente y entré.
- ¿Algún lugar en especial?
- Sí, el hombre murió en su habitación, empezaremos por ahí.
Subimos las escaleras. La habitación no tenía nada extraño, era tan normal como cualquier otra. Sam abrió el armario y empezó a tirar toda la ropa que había dentro al suelo. Por mi parte, comencé a abrir los cajones y a buscar, pero no daba con nada. Sam se subió encima de la cama y revisó la lámpara del techo. Nada. Me agaché y miré debajo de la cama.
- Sam, creo que he dado con el saco ese.
Un saquito de tela marrón estaba pegado a la cama con celo. Lo arranqué y se lo pasé a Sam. Mientras él lo abría, yo me senté en la cama a descansar.
