- ¿Qué me pongo? -levanté las dos camisetas que sujetaba- La negra quizás enseña demasiado, pero es que la blanca es como muy transparente. ¿Tú que opinas?
- Vamos a ir a cazar a un hombre lobo y a un vampiro -respondió Sam.
- La negra -afirmé- ¿Qué pantalones me pongo?
- Vamos a ir a cazar -repitió Sam.
- Los vaqueros largos. ¿Y qué...?
- Vamos a ir a cazar -me cortó.
- Las botas entonces. Oye, ¿puedo hacerte una pregunta?
- Supongo que sí.
- ¿Por qué vas todo el día con camisa? No es que no me gusten, ¿pero no tienes más fondo de armario? ¿Quieres que te acompañe un día a una tienda de ropa?
- Simplemente las llevo, me gustan.
- Tendría que empezar a ponérmelas, estoy segura que me quedarían muy sexys.
Puse morritos.
- Me recuerdas a mi hermano -dijo con una sonrisa Sam.
- ¿Eso es bueno?
- En cierta medida.
- Pues qué bien. ¿Crees que estará bien?
- Sí, él siempre está bien. Ah, casi se me olvida -Sam me tendió una pistola- Cógela.
- ¿Estás seguro de qué quieres que yo tenga un arma de fuego?
- No está cargada, todavía valoro mi vida.
- Idiota -cogí la pistola y al momento se oyó el disparo pero sin bala. Sam me miró con una ceja alzada- ¡Eso le puede pasar a cualquiera!
- Me podrías haber matado.
- Pero sigues respirando, ¿no? Pues es lo que cuenta.
- ¿Sabes? Mejor no vuelvas a sacar la pistola a no ser de que estemos a punto de morir.
- Pero si no está cargada.
- Da igual, quién sabe las cosas que podrías hacer con una pistola descargada.
- ¡Hey! Lo dices como si fuese a matar a alguien.
- Quizá lances la pistola como un cuchillo y me des a mí en la cabeza.
- Por el amor de dios... Vámonos ya.
- Solo una cosa más: haz todo lo que yo te diga, ¿entendido?
- Sí, señor.
****
Sam y yo caminábamos por las oscuras calles de Las Vegas. Cada callejón que veíamos, lo cruzábamos.
- Y bueno, creo que este es un buen momento para hablar.
- ¿Hablar? ¿Sobre qué?
- Sobre nuestras vidas, para conocernos mejor y eso.
- Creo que ya me conoces lo suficiente.
- No, solo sé que tienes un hermano mayor, que cazas monstruos y que naciste en Kansas. No me sé ni tu edad.
- Tengo 25 -comentó Sam.
- Entonces... tu hermano tiene... ¿28?
- 29.
- Casi.
- ¿Y tú?
- ¿Cuántos me echas?
- No sé... ¿22 tal vez?
- 24 -le corregí- Más suerte la próxima vez. ¿Y tus padres? -Sam se tensó- No quería...
