Capítulo 28

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Damien

—Despierta, tenemos muchas cosas qué hacer —susurré en su oído.

Eira sonrió y entreabrió sus bellos ojos solo unos segundos, permitiéndome observar el hermoso color chocolate que los adornaba.

—¿Puedo dormir un poco más? —Preguntó con la voz ronca.

—No. Necesito que me cortes el cabello y además quiero que veas como Ruslan tatúa tu nombre en mi cuerpo.

Abrió los ojos de golpe y me miró asombrada, amé su reacción. Decirle eso fue suficiente para que se despabilara.

—¿Te tatuarás mi nombre? —Inquirió, incrédula. Asentí, sonriendo como un niño pequeño, me emocionaba mucho llevar su nombre en mi piel, ahora de una forma física.

Ella me atrajo hacia su cuerpo y besó mis labios, parecía igual de emocionada que yo, y me alegraba de que todos los malos presentimientos que llegó a experimentar anoche, hayan quedado olvidados. No quería verla preocupada o triste, no la tenía en mi vida para hacerla sufrir, mi objetivo era hacerla feliz, darle esa alegría que le quitaron.

—Entonces vamos —dijo saliendo de la cama con rapidez.

Su cabello era una maraña oscura, se veía linda, más al usar una de mis camisas, ese empeño que ella tenía por dormir con ellas teniendo tantas pijamas en el armario, simplemente no lo entendía. Pero debía admitir que lucía sexy, nada comparado si yo me colocara una blusa suya. Reí por lo estúpido de mis pensamientos, de verdad algunas veces venían a mi cabeza sólo tonterías.

—Creo que primero deberías cepillar tu cabello —dije haciendo una seña con mi cabeza—. No quiero que asustes a mis hombres

—¡Damien! —Reprochó, pareciendo ofendida. Me lanzó una almohada que tomé en mis manos.

Fui a ella, la atrapé entre mis brazos y la tiré de nuevo sobre la cama mientras ambos reíamos despreocupadamente, como si yo no tuviera un montón de cosas allá afuera de las cuales hacerme cargo.

—Luces hermosa de cualquier manera —musité sobre su boca, apagando de a poco mi sonrisa, mostrándole sinceridad.

—Lo sé —aceptó, arrogante, creo que lo había aprendido de mí. Sacudí la cabeza y besé sus labios una vez más para después ayudarla a ponerse de pie.

—Te espero abajo. No tardes —pedí, saliendo de la habitación segundos después.

Caminé por el pasillo con una enorme sonrisa, me sentía bien, extrañamente tranquilo, no me agradaba, porque cada vez que había risas y felicidad, siempre llegaba algo que lo arruinaba y no deseaba que eso sucediera.

—Buenas tardes —saludé, sonriéndole a los chicos, fruncieron el ceño mirándose entre ellos, confundidos al notar mi actitud relajada y feliz.

—Vaya, alguien está de muy buen humor hoy —dijo Quentin desde la sala.

—Parece ser que pasó una muy buena noche —intervino Luka moviendo sus cejas sugestivamente mientras los demás reían

—Lástima que ustedes no puedan decir lo mismo, ¿cierto? —Espeté, sentándome sobre una silla en el comedor. Nadie me arruinaría mi buen humor.

Ellos volvieron a reír, siempre haciéndolo a mi costa. Idiotas.

Ruslan se puso de pie, disimulando su risa, y comenzó a ordenar todo lo que necesitaría para tatuarme, dejándolo encima de la mesa.

Dirigí mi vista a Eira que venía bajando las escaleras, ataviada con una blusa de tirantes y un short corto dejando sus hermosas piernas al descubierto, algo que no me agradaba, pero no le prohibiría usarlo. Ella dirigió sus ojos hacia la sala donde los muchachos revisaban los planos del sitio al que asaltaríamos, después me miró en mi dirección.

Damien ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora