Damien
Quentin se había estacionado cerca de la mansión donde se llevaría a cabo la subasta; llevábamos aquí desde las 5:00 p.m. Todo estaba listo, teníamos las armas que podría hacer falta, aunque si las cosas salían bien, no habría necesidad de usarlas, entre menos balas usara, mejor, aunque eso no significaba que no fuera a matar a nadie, solo que, siendo franco, prefería utilizar cuchillos y mis manos.
En toda la tarde hubo mucho movimiento, gente entrando y saliendo preparándose para el evento, uno que no se llevaría a cabo. Fue difícil conseguir que la seguridad que ellos contrataron se fuera al carajo, pero todos tienen un precio y no me fue difícil llegar al de ellos, por supuesto, asegurándome de que no intervinieran y echaran abajo mis planes. Tenía cada movimiento controlado, me anticipaba a todos los escenarios que podrían salir mal, por eso me encontraba tranquilo, si Eira conociera la forma en la que yo trabajaba, guardaría la calma.
Tomé mi móvil, la hora: 10:00 p.m. Marqué el número de Luka, quien me respondió enseguida.
—¿Cómo está? —Pregunté en cuanto cogió la llamada.
—Mal, se encuentra en un estado de shock, se encuentra sentada mirando el reloj sin escucharme, sin prestarme atención —cerré mis ojos un momento—, ella te necesita, Damien, no puedo creer la manera en que ustedes se afectan si no tienen la compañía del otro.
Eso era porque nadie que conociera tenía la conexión insana que nosotros sentíamos el uno por el otro.
—Cuídala, no la dejes sola —ordené, aunque más bien sonó como una petición.
—No lo haré, lo sabes —dijo y se mantuvo un momento en silencio—. Vuelve con bien, Damien, ella no soportaría perderte.
—Volveré por ella, sea como sea.
Terminé la llamada, los demás se volvieron a verme.
—Es hora —dijo Ruslan—. La subasta comienza en veinte minutos.
Asentí. Bajamos de la camioneta, la herida seguía sin dolerme, tenía que continuar así. Caminamos camuflándonos entre la oscuridad, además no es como si todas esas personas que desfilaban por la puerta nos prestaran atención, mucho menos los guardias que ahora eran míos. Nos dirigimos a la parte trasera con prisa, al final en una de las puertas que se encontraban desoladas nos esperaban dos hombres vestidos de traje, rudos y con la misma pinta que todos los guardias.
—Quitaremos la luz por tres minutos —dijo uno de ellos—. Tiene que ser suficiente tiempo, así que por su bien dense prisa.
—Perfecto —masculló Quentin.
Les tendió el dinero, siendo solo la mitad de lo que les pagaríamos, no era estúpido para darles todo. El otro tipo abrió la puerta, entramos sin perder el tiempo, lo teníamos contado; al ingresar, el subastador nos esperaba ansioso. Tomé el dinero que guardaba para él y se lo di, aplastándolo contra su pecho, empujándolo levemente, no estaba para delicadezas.
—Todo está listo, es cuestión de entrar y tomar las joyas, yo mantendré la calma —habló sin dejar de mirar el dinero—. Espero la otra parte —añadió con avaricia.
—La tendrás —prometí—. Soy un hombre de palabra.
Él asintió, caminó delante de nosotros, guiándonos, se aseguró de mantener el lugar por donde pasábamos libre de mirones o cualquier otra gente, de las cámaras ya nos habíamos hecho cargo.
Me encontraba nervioso, no era por el robo, se trataba de otra cosa, quizá de lo que Luka me dijo sobre Eira. Detestaba que se perdiera, que dejara de ser mi Sol, era como si se convirtiera en un espejo de mí y a pesar de que antes hubiera estado eufórico por esa idea, ahora solo quería que fuera ella misma.
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Damien ©
Fiksi UmumDamien Masson, un enfermo mental que goza de asesinar; aburrido y cansado de aquella sádica fascinación, toma la decisión de internarse en un psiquiátrico donde decide pasar el resto de su vida... al menos es lo que pensaba hasta que la vio. [Apta p...
